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Galería Fotográfica: escenas de una deriva urbana por Santa Teresita en Bogotá Animación: Vietplan
poética recombinante Filosofia y Performance: filosofar la performancia y performar la filosofía Theatrum Philosophicum: Invertir el Platonismo - pensar el acontecimiento Platón opuso escencia y apariencia, mundo de arriba y mundo de abajo, sol de la verdad y sombras de la caverna ( y es a nosotros a quienes concierne conducir las escencias de la tierra, glorificar nuestro mundo y colocar en el hombre el sol de la verdad...) Invertir con Deleuze el platonismo, es desplazarse insidiosamente por él, bajar un peldaño, llegar hasta este pequeño gesto - discreto, pero moral - que excluye el simulacro; es tambien desfasarse ligeramente con respecto a él, abrir la puerta, a derecha o a izquierda, para el chismorreo al sesgo; es instaurar otra serie desatada y divergente; es constituir, merced a ese pequeño salto lateral, un paraplatonismo descoronado. Convertir el platonismo (trabajo de lo serio) es inclinarlo a tener más piedad por lo real, por el mundo y por el tiempo. Hoy es preciso pensar toda esa abundancia de lo impalpable: enunciar una filosofia del fantasma que no esté mediante la percepción o la imagen, en el orden de unos datos oririgarios, pero que le permita tener valor entre las superficies con las que se relaciona, en el retorno que hace pasar todo lo interior afuera y todo lo exterior adentro.... En cualquier caso, es inútil ir a buscar dterás del fantasma una verdad más cierta que él mismo ... Los fantasmas no prolongan los organismos en lo imaginario; topologizan la materialidad del cuerpo. Es preciso, pues, liberarlos del dilema verdadero-falso, ser-no ser, y dejarlas que realicen sus danzas, que hagan sus mimos, como extra-seres. La metafísica no es un ilusorio, como una especie dentro de un género; es la ilusión la que es una metafísica, el producto de una cierta metafísica que ha marcado su censura entre el simulacro, por un lado, y el original y la buena copia por el otro. la metafísica de Deleuze emprende una la crítica necesaria para desilusionar los fantasmas una metafísica liberada tanto de la profundidad originaria como0 del ente supremo, pero capaz de pensar el fantasma fuera de todo modelo y en juego con las superficies ...esta serie del simulacro liberado se efectúa o se mima en dos escenas privilegiadas: el psicoanálisis que tiene relación con fantasmas, deberá un día ser entendido como práctica metafísica; y el teatro, el teatro multiplicado, poliescénico, simultaneado, fragmentado en escenas que se ignoran y se hacen sñales, y en el que sin representar nada (copiar, imitar) danzan máscaras, gritan cuerpos, gesticulan manos y dedos. Freud y Artaud se ignoran y resuenan entre sí. La filosofía de la representación, de lo original, de la primera vez, de la semejanza, de la imitación, de la fidelidad, se disipa. La flecha del simulacro epicúreo dirigiendose hacia nosotros, hace nacer, renacer, una "fantasmofísica". Pensar el acontecimiento puro es proveerle en primer lugar de su metafísica. El acontecimiento- la herida, la victoria-derrota, la muerte - es siempre efecto Las armas que desgarran los cuerpos forman sin cesar el combate incorporal. La física concierne a las causas; pero los acontecimientos que son sus efectos, ya no le pertenecen. Morir: dimensión de la proposición, efecto incorporal que produce la espada, sentido y acontecimiento, punto sin espesor ni cuerpo que es esto de lo que se habla y que corre en la superficie de las cosas. De una forma ejemplar, la muerte es el acontecimiento de todos los acontecimientos, el sentido en estado puro: su lugar radica en el cabrilleo anóninomo del discurso; ella es esto de lo que se habla, siempre ya acaecida e indefinidamente futura, y sin embargo acaece en el punto extremo de la singularidad. Pensar absolutamente sería, pues, pensar el acontecimiento y el fantasma. Fantasma y acontecimiento afirmados en disyunción son lo pensado y el pensamiento. Boca por la que Zenón sabia que pasaban tanto las carretadas de alimentos como los carros del sentido ("Si dices carro, un carro pasa por tu boca"). Boca, orificio, canal donde el niño entona los simulacros. Los miembros fragmentados, los cuerpos sin voz; boca en la que se articulan las profundidades y las superficies. Boca donde los gritos se recortan en fonemas, morfemas, semantemas: boca donde la profundidad de un cuerpo oral se separa del sentido incorporal. En esta boca abierta, en esta voz alimenticia, la génesis del lenguaje, la formación del sentido y la chispa del pensamiento hacen pasar sus series divergentes. Despues de todo en este siglo veinte, ¿existe algo por pensar más importante que el acontecimiento y el fantasma? Sea la diferencia Por debajo de las especies ovinas solo se puede contar con los corderos. Librado de la buena voluntad y de la administración de un sentido común que divide y caracteriza, el pensamiento ya no construye el concepto, sino que produce un sentido-acontecimiento que repite un fantasma. La voluntad moralmente buena de pensar dentro del sentido común tenia en el fondo como papel el proteger al pensamiento de su "genialidad" singular. El buen sentido es la cosa del mundo mejor repartida, él es quien reina sobre la filosofía de la representación. Pervirtamos el buen sentido, y desarrollemos el pensamiento fuera del cuadro ordenado de las semejanzas. Es preciso pensar el acontecimiento como irregularidad intensiva. Disolución del yo. Todavia por un instante dejemos que permanezca el cuadro de la representación. En el origen de los ejes, la semejanza perfecta; luego escalonandose , las diferencias, como otras tantas semejanzas menores, identidades señaladas; la diferencia se establece cuando la representación ya no presenta por completo lo que habia estado presente, y cuando la prueba del reconocimiento fracasa. La supresión de las categorias es condición para pensar el acontecimiento. Decimos no al error y lo tachamos; decimos si a la estupidez; decimos sí a la estupidez, la vemos, la respetamos y, dulcemente, apelamos a la total inmersión. Con facilidad vemos como el LSD invierte las relaciones del mal humor, la estupidez y el pensamiento: todavia no ha puesto fuera de circulación la soberania de las categorías cuando ya arrana el fondo a su indiferencia y reduce a nada la triste mímica de la estupidez; y a toda esta masa unívoca y acategórica la presenta no solo como abigarrada, móvil, asimetrica, descentrada, espiraloide, resonante, sino que la hace hormiguear acada instante con acontecimientos-fantasmas; deslizando sobre esta superficie puntual e inmensamente vibratoria, el pensamiento, libre de su crisalida catatónica, contempla desde siempre la indefinida equivalencia convertida en acontecimiento agudo y repetición suntuosamente engalanada. |