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ENTRE LA ZARZUELA HUMANITARIA Y EL DAÑO COLATERAL

Una versión con historia menuda de los rehenes de los últimos años en Colombia

Por Manuel Hernandez

Desde Bojayá la cosa se puso dura: rehenes de la población negra tomados por paramilitares de color vario y guerrilleros de condición casi idéntica vacilando en usar y decidiéndose a usar las pipetas de gas. La culpabilidad de parapetarse con rehenes fue de los paras y la de la guerrilla de acabar con todo, en ese orden. El estado o la cosa llamada estado, ausente. Pero mirando por entre las rendijas del río. La iglesia católica, enferma de sinceridad, le ponía el cascabel al gato acusando a los militares de no haber hecho nada, pues se sabía que la guerrilla iba para allá y que los paras iban a pararlos a como diera lugar. Pero entre la iglesia y las fuerzas armadas hay un binomio que debe ser puesto entre paréntesis, pues, cada vez sale la una más untada de las estupideces tácticas del otro. Iglesia y Defensoría del pueblo, sin embargo dijeron con todas las sílabas que lo de Bojayá tiene una cara rara. Como si la cosa llamada estado estuviera mirando y esperando para poder echar el agua sucia a una de las partes, silenciando ante todo la parte antihumanitaria del otro contendor. O como si la zarzuela humanitaria hubiera comenzado.

Entiéndase por “zarzuela humanitaria” la forma previsible de desencadenar la tragedia y la falta de altura en la forma para comprender la indignación por las monstruosidades sucedidas y mascadas por los medios para digestión indigesta de la opinión pública. Todo lo anterior exonerando a un miembro del crimen como si fuera el héroe cómico de la tragedia. Las tragedias colombianas ligadas con esa cosa llamada orden público, son previsibles y tienen unos elementos de bajeza formal que nadie puede con ellas. No es cosa de llorar y extraer la consecuencias de lo trágico, el temor y la compasión aristotélica, sino de estremecerse en pequeños índices de horror como cuando en la zarzuela pasa una desgracia. Triste, para la familia colombiana muy triste, como dice Uribe.  “Hay que acabar con esos tipos que ponen muy tristes a las familias colombianas”. En el caso que desencadenó estas declaraciones las familias eran las de dos prohombres y las de ocho soldados. Cuando Consuelo Araújo fue muerta, por ejemplo, las mentiras y las verdades se mezclaron de forma horrible.  El retén de las Farc estaba a menos de un kilómetro de uno del ejército y el presidente Pastrana ignoraba la operación, pues era un palo en la rueda de la paz que por iniciativa cuasi propia los militares le querían poner al futuro de esas conversaciones. Los militares ya la tenían por muerta cuando convocaron a una rueda de prensa de la cual lo ignoraba todo el presidente, según la revista SEMANA. El procurador, esposo en segundas nupcias de la “cacica”, afirmó que las balas que mataron a su esposa fueron de fusil. Como si los guerrilleros se hubieran alejado para matarla y luego hubieran tenido tiempo para rematarla. A los pocos días de ése drama unos militares de los responsables del mencionado retén, después de unos días de acuertelamiento se volvieron locos, por esa zona cercana a Valledupar y hubo que matarlos. Según los periódicos. Luego todo el mundo guardo silencio pero algo parecido a un collar bomba le fue puesto a la opinión. Como parte de la misma zarzuela, en esta ocasión, el presidente Uribe sí sabía del operativo, aunque ¿quién sabe si la ministra de defensa lo supiera?. Todo entre puertas de cartón  y llamadas por teléfono como en la zarzuela. El guión idéntico. ¿queréis que rescate a vuestros parientes de la manera como lo hemos hecho? No. Dicho por el ochenta por ciento de los opinadores en La Noche de RCN. Mayo 8. Chicola, el mismo día, dice pregúntennos primero. Las viudas de los dos prohombres de Proantioquia, mucho metro y tal, dicen que a ellas no les avisaron. Francia se mete para que le avisen antes de rescatar a Ingrid. Y Pacho Santos dice que seguirán devolviendo a los rehenes a la libertad. ¡Qué verraco! El Fiscal de bolsillo del establecimiento no puede evitar decir que los muertos tenían tiros de fusil y uno de gracia. Eso en lenguaje de zarzuela equivale a decir que fue medio besada, medio violada y medio embarazada, Simeona, la de la leyenda del tiro, perdón del beso.  En eso consiste la cosa. En una estética de horror pero mostrada sentimentalmente. El diario El Tiempo del día seis de mayo coloca el titular de ésa noticia entre comillas, queriendo subrayar que la noticia es sólo una versión, la oficial. Pero en cambio el miércoles ya el editorial afirma que Colombia sabe de qué lado está. Se tornan oficialistas ante la presión tan tenaz. Las encuestas también cambian. Ahora todo el mundo está con Londoño, después de sus restricciones mentales o mentiras abultadas pero “serenas”. Colombia al fin ha encontrado su tono menor. Nada de tragedia, sólo zarzuela. En la zarzuela pasan cosas terribles pero el montaje hace que nada se pueda tomar en serio. O, ¿acaso es seria la manera como Uribe salió a las diez de la noche del lunes 5 de mayo, afirmando que iba a decir toda la verdad y a respetar la crítica?; como si otras veces no lo hubiera hecho: Juro que ahora no voy a tomar más manzanilla. Preguntarle a la gente quién puede o quiere desconfiar de la versión del gobierno desde Bojayá y Consuelo y ahora Murindó- Urrao, hasta el final de esta manera criolla de efectuar rescates, que pueden seguir, es una pesadilla, pero no es una pesadilla seria, es una zarzuela. Y la gente lo sabe y se adormece como al final de una interpretación de mentirijillas de una obertura de opereta española.

 

Londoño Hoyos entre los entretelones de cartón-piedra piensa: a mi papá lo rescataron después de despejar todo un departamento. Y Uribe: al mío lo dejaron morir. Ahora cada uno de los dos hombrecitos de la pieza teatral va por lo suyo. El manizalita se quedará con los negocios y al otro le tocará la guerra. Pero ambos comprometidos en una especie de antireforma agraria. Usando esa mezcla sagaz de notarías y títulos que un ingeniero exvicecontralor costeño  pondrá a punto. ( Se rumora que el decreto que cambió los requisitos para ser superintendente de notarías tiene ese fin).   Una reforma agraria al revés y una estética acorde con la formación española de los gobernantes. Y el Vice Pachito que pensará?  Pensará que a él también lo secuestraron pero que lo soltaron para que cogiera un taxi y llegara al Minuto de Dios. Al día siguiente el cura García Herreros (que se inventó El Minuto de Dios para lavar el secuestro del dueño y de los ancestros de azúcar Manuelita, una Eder fue secuestrada en 1944 y don Harold por la época de Londoño y Londoño), arrancó a gritar como loco: ¡Mar de Coveñas!, ¡Mar de Coveñas!, como si el de Tolú fuera demasiado poco paisa, y como si fuera una señal convenida con El Patrón...

 

Ahora se supo que la zarzuela humanitaria incluía las manifestaciones de una gobernadora de facto que se dejaba muñequear por una guerrilla abusadora: podemos imaginarlo así: “Primero salen en el helicóptero de la Gobernación doce enfermos de tifo y después si quieren, mandamos a Echeverry que se ve como malito”. Y, mientras, el ejército tuvo la brillante idea de que los helicópteros se fueran aproximando por la misma ruta que usaba el de la Gobernación, convertido en vía segura de transporte por la esposa del rehén gobernador... Uribe sabía, claro que sabía. Otra cosa. Si los indígenas chocoanos, emberás y catíos afirman que hubo más de cuarenta cadáveres hay que creerles.  Impresionante la acuciosidad de la prensa. Pero no olvidemos que toda la verdad oficial depende de que no hubo periodistas en la zona.  Los Teatros de Operaciones no admiten prensa fiscalizadora ni de la otra. Simplemente no entra nadie. La transparencia queda en entredicho pero nunca se sabrá el desenlace de la segunda parte. Los guerrilleros fueron engañados por el ruido del helicóptero que se parecía al que había aterrizado hacía tan sólo dos días? Eran para eso los megáfonos? Silencio. Los periodistas deberían manifestarse y preguntar. Una verdad oficial que no ha sido contrastada por la prensa es una verdad estalinista. Como para que Fidel Castro afirme lo que quiera. En Colombia, en esta semizarzuela  se pueden decir la mitad de las cosas. Como que hay una cortina de humo. Dicho por la gobernadora. Quince días después en su columna de los miércoles Daniel Samper titula “Alguien nos está tramando”. Pero hasta ahí llega la cosa.

 

 

El daño colateral será entonces el daño que sufre la verdad y la seriedad de la tragedia que quedará enredada para siempre. Es como el fin de un amago de modernidad que no tenía exigencia posible de responsabilidad. Colombia encontró su manera de obedecer a los gringos sin dejarlos entrar demasiado. Ante el daño colateral, a la manera Bush en Irak, preferimos nuestros muertos a nuestra manera. Al final, quedarán:  Ingrid, tutelada por Francia y los tres gringos, tutelados por Chicola. Al resto los habremos metido en el mismo saco de Diana Turbay y demás próceres de la guerra del ejército. Falta un policía providencial como el que se cambió por Andrés Pastrana en el 88. Recordemos que no hubo policía que se cambiara por el procurador, el de la novia de las pestañas entorchadas, Carlos Mauro Hoyos. Habría que dedicar una mención especial a esos volantes de equipo, policías de último momento, que juegan bajo instrucciones especiales. Salen ilesos de las balaceras, dan declaraciones, son sentimentales y se parecen a esa necesidad del público de zarzuela de una compensación a la manera de Papageno. Un tributo a las barras.  En la época de Escobar, la zarzuela era igual pero no se llamaba humanitaria. Es esta mirada de cinismo la que se quiere imponer como una enorme distracción de ficción. Lo curioso es que Estados Unidos ya sabe cuál es nuestra manera de entonar la canción y está contento por ahora; Bush afirma que es inusitado el coraje de Uribe.  Cuando lo necesite, agitará la amenaza de acusarnos de violaciones a los derechos humanos. Cuando se acerque más la campaña electoral y mientras Estados Unidos decide si juzga o no a su mandatario por lo de Irak - de la mano de un exprocurador gringo que ha puesto una oficina contra la guerra y el racismo. Uribe está haciendo ostias con lo que puede, improvisando libertades condicionales y recomendando que no dejen asfixiar a las Ong´s humanitarias. Pues sabe que lo que viene no durará mucho sin volverse pedazos. Como siempre. Cualquier cortina de humo que se improvise para fabricar otra que tape esta mentira flagrante será igualmente peligrosa. Los gringos pueden ser trasladados “en caliente” a un país vecino contra el que Bush tenga rabia. Ya sabemos cual. ¡Vamos! ¡que la próxima será una cortina de humo en caliente, ¡majo! qué calenturas!

 

 P.D. escrito este artículo se inventaron “la guaca”. Eso es de común ocurrencia en las campañas de soldados enfermos y generales de oficina, pero siempre había habido repartición de lo chico para el pez chico y lo grande para el pez ídem. “Muchachos, dice Uribe dirigiéndose a la prensa, ustedes saben cuál es mi posición sobre gabinete, que me acompañen cuatro años.” Pero Junguito se va y después desfilarán otros y otras, pero Londoño, ése tal vez no. El cuestionamiento del Congreso y el juego de la responsabilidad en las picardías de Londoño es de zarzuela: “no me importa lo que hagas con tal que no me acuses de fumar sustancias ilícitas, por que ahí sí te hago un debate”.  La (im)posibilidad del intercambio y la fatiga del muñequeo quedan en tablas.      La díada del gran banano y el gran hermano ya lleva casi un año. Y a fe nuestra que lo han hecho conforme al guión. Ver eldespertador, agosto 2002. Las privatizaciones suceden mientras el país político se enreda en una moción de censura y ahora sin cortina de humo resulta que el hueco fiscal no lo conocía ni Junguito. Es curioso, entre más cosas de esas pasan y menos posibilidad hay de ejercer la crítica más se profundiza la admiración popular (¿?) en las encuestas dirigidas. A eso lo llaman trabajar, buen gobierno, etc. No hay tiempo para pensar lo que está pasando, sino únicamente para acariciar la superficie de las cosas, su más triste indumentaria. Ver el otro artículo de esta entrega titulado La Indumentaria.

 

LA INDUMENTARIA

 

DE Extremadura llegaron los conquistadores. De la tierra más pobre de los reinos de España, sin ningún aliciente para vivir diferente al de resistir. Sin otro patrimonio que unas fanegas de nada, de trigo y de cebada para pobres, de una estirpe de castellanos empujados, que no tenían más suerte que la de ser empujados a su vez contra esa frontera de miseria por los portugueses, que, como su nombre lo indica, tenían puertos. Personas sin idea del mar ni de sus maravillas, temerosos de Dios como sólo lo pueden ser los agricultores pobres. Hijos de un dios tornadizo que con una sequía de tres veranos mata dos recién nacidos. De allí, de ésa tierra de España que en palabras de Borges es de donde huye Cervantes, preso por problemas de recaudación de impuestos a esos agricultores pobres en La Mancha – réplica de Extremadura, y “busca solaz en las vastas geografías de Ariosto”, viene el legado americano de la pobreza de símbolos, de la resistencia infinita hecha de credulidad y derrota, de aceptación de la miseria propia y de la envidia. De todos los países americanos Colombia es aquel que recibe mejor esta herencia. Tierras montañosas pero con un poco más de fertilidad, la misma religión, la santa Inquisición, los hechizos inútiles de glorificar la pobreza y la resignación, una cierta leyenda de un origen semita, otro vascuence y otro andaluz, pero todos extremeños en verdad. De allí vienen los tales antioqueños. O venimos, pues todos tenemos ancestros de esa misma amalgama de estirpes pobres mentales. Glorificando la inventiva inútil para lidiar la miseria, amigos de los curas, ahorradores y dilapidadores, tahúres y rezanderos, culebreros, todos ingenuos, miméticos, con orgullos tontos de una raza, inventores de la indumentaria más poco imaginativa del mundo: la mulera o poncho, el zurriago y el carriel. Entre el folclore barato y el atraso, regamos por el mundo la fama de que “no le medíamos a todo”. A vender arepas en Nueva York, a cabestrear camellos en las pirámides de Egipto, etc, etc. profesores de inglés en Londres, según Gabo ha dicho ya dos veces en supuestos sesudos documentos, donde reproduce el lugar común en su obviedad sin contrastar, somos algo solitario y desesperanzado, que uno se encuentra en las carreteras de Colombia y que se acerca a vender una gaseosa o a recoger un chisme. Ese es el paisa. Dos o tres caballeros de industria, que se despiden de esa Medellín enorme y trágica, un mafiosos que muere en su ley, en un tejado de una casa de clase media baja, después de tener la fortuna más grande del mundo ( otra exageración ), somos exactamente una caricatura a la medida de la mediocridad del mundo. Es de ésa Colombia de la que se burla Fernando Vallejo. Y es a esa caricatura de una caricatura a la que le han concedido el premio Rómulo Gallegos. Por la novela El Desbarrancadero donde con especial acritud y dolor se expresa de esa semiraza perdularia a la que él pertenece de cuerpo entero. Pues bien. De esa miseria por todos conocida y aceptada, de esa pobreza intelectual y de ése dolor de alma sin destino, surgió el Mesías: Uribe Vélez. Y casi todos los ministros de su gabinete. Y la indumentaria caricaturesca de ese paisa esencial que nunca existió salvo como un arriero sin destino, antiecológico y hundido entre el fango de los caminos de herradura de la cordillera oriental, el mesías se la quiere poner a los presidentes Chávez y Lula. Como si con ello pudiera exorcisar o moderar  los afanes de justicia y de ensayo de salidas políticas propias que están ensayando estos dos presidentes para el nuevo modelo para el subcontinente americano. Uribe hace como Berlusconi – que no es mejor: quiere extirpar el comunismo de Venezuela y de Brasil pues ya lo logró en Colombia, según  lo pensará copiando la desafortunada expresión del italiano en su primer discurso de presidente de Europa. Uribe quiere lo mismo para América Latina y para lograrlo se obstinará en todas las lambonerías y canalladas que requiera para ser un miserable compañero de ruta de George W. Bush. El problema no es qué va a pasar con América Latina, eso lo decidirá el juego de los movimientos sociales. El problema es que los colombianos del montón se dejaron hipnotizar por ése discurso recortado, chato y felón. La indumentaria paisa de desfile de silleteros, un trabajo indigno, por lo demás, cargar flores donde antes se cargaban hombres, es el antídoto a las ideas. Por lo menos así nos lo ha recetado el mesías. Aplausos. Muchos aplausos es la terapia a lo Jorge Barón para su gente. Es la alianza perfecta. Y la silla vacía del otro paisa quindiano el tal Pedro Marín. Con su trapo rojo al hombro que si las conversaciones de paz hubieran sido un poco más prolongadas no habría vacilado en ponérselo al presidente de Wall Street. Que se deja poner de todo. A Fidel no se ha atrevido a colgarle la indumentaria. Seguramente se encontraría con una pared de frialdad. En fin. Guayaberas en Estocolmo, carrieles en Río y Caracas, la indumentaria es como el consuelo de los que no tenemos mensaje alguno que comunicar y entonces optamos por el grupo folclórico llamado lo nuestro y los aplausos. Con tan pocos elementos se ha tomado un fascismo de mierda a Colombia y hemos encontrado la temperatura ideal de nuestra pobreza. Es como el lenguaje de los jóvenes integrantes de Protagonistas de Novela 1 y 2. Y después, proliferando como en una especie de truco de ciencia ficción las sillas Vanyplas. O como se llamen.  Miles de miles de sillas blancas como aquella que dejó vacía Tirofijo un ya nada memorable siete de enero, mientras los cabezones trataban de encasquetarse, para protegerse del sol del río Caguán, un sombrero  folclórico tres números menores que sus cabezas. Entre ellos otra vez el infaltable Gabo como presidente del mundo y Belisario como poeta del ídem. ¡Que provinciano estilo! ¡Qué modales cruzados! En verdad siempre que han descrito al jefe militar de las AUC, en cambio, lo han pintado con chaquetas de gamuza, elegante, full, extraditabilísimo. La indumentaria paisa y las sillas plásticas se tomaron a Colombia. Surgidas ambas de un momento estúpido de una guerra insensata como todas pero con características que la hacen incomprensible aún para los bosnios. Que saben de guerras incomprensibles. Sillas entre el barro, sillas en patios, en canchas de fútbol, en campos de golf para ejecutivos, en invernaderos, en estares, en bares y burdeles, sillas blancas y rojas, sillas de brazos o sin ellos, los colombianos llenando la silla vacía y el imbécil de Uribe tratando de colgarle un carriel al que le pase por el lado. Apenas triste. Apenas chistoso. Apenas el viejo desarraigo.

 

Jueves 3 de Julio de 2003

 

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