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opinión
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¿Quién
le teme a Navarro Wolf? Que
se configuró un nuevo mapa político en Colombia, que por primera
vez la izquierda llegó al poder en este país, que ésta es la oportunidad
para demostrar que la izquierda puede hacer un buen gobierno?????
Si... pero no...La verdad es que el triunfo hay que celebrarlo
porque hasta el último minuto existían temores de fraude o de
cosas peores. Sin triunfalismos como dijo el propio Lucho el día
de su contundente triunfo. Sí, un viva por ese triunfo, pero lo
que no se debe hacer es caer en la ilusión. En el error de la
ilusión. Primero: No ganó la izquierda. Ganó Lucho, apoyado por
una coalición de Pero
de ahí a sentirse como que estuviéramos en los momentos de la
Unidad Popular en Chile, hay mucho trecho. Y si los representantes
de la alternatividad política que ganaron espacios democráticos
en las elecciones pasadas se dejan meter allí, por sus propios
seguidores y/o por sus enemigos, pues de ahí a generar el pinochetazo
no hay sino un paso. Las voces de Peñalosa, antes, y las de Vargas
Lleras después del triunfo de Lucho dejan ver que ellos están
dispuestos a hacer de todo antes de dejar que avancen las fuerzas
democráticas en este país. Y ya comenzaron. Ya hablan del peligro
de Navarro y del populismo de Lucho. Y comenzaron barato, lo que
se viene es con todos lo fierros, o como dicen ahora, con todos
los juguetes. Por esa razón compararse o siquiera dejarse comparar
aún con el cercano proceso de Lula en Brasil o con la aventura
de Chávez en Venezuela, en todo caso, para lo único que sirve
es para darle papaya al populismo de derecha para que a punto
de motes y calificativos comience a ambientar la contra. Aquellos
que como Vargas Lleras, que son más pantalleros que derechistas
pero que en su populismo de derecha pueden terminar siendo los
más furibundos derechistas y no para evitar el triunfo de un demócrata
sino para no perder el poder que creen escriturado. No hay que
olvidar que a esta especie de escaladores les gusta montarse en
la cresta de la ola y cuando eso pase pueden quedar de primeros
llamando a los pinochets de turno para que salgan a hacer valer
el estatu quo. Y recuérdese que él fue uno de los que saltó primero
cuando vio que el populismo de guerra de Uribe iba punteando las
encuestas en las presidenciales. Fue el primero en montarse en
esa cresta de la ola. El
populismo de guerra fue el que llevo a que los colombianos, ayudados
por los medios de comunicación, se convencieran de que el principal
problema de Colombia era la guerrilla, razón por la cual los colombianos
le dieron el voto a Uribe. Tanto que les importaba un comino que
fueran o no fueran ciertas las historias del helicóptero en Tranquilandía;
o peor aún, la gente que votó por Uribe le tenía sin cuidado si
tenía simpatías, afinidades o cercanías conceptuales con los paras.
Lo único que le importaba a los electores de Uribe era que estuviera
dispuesto a hacerle la guerra a los jojoy y a los marulandas y
para eso ya había aprobado con honores el examen en la Gobernación
de Antioquia. Y sobre ese populismo de guerra se ganaron las elecciones.
Porque Uribe sabía y los generales sabían y los medios y la ministra
saliente sabían que la guerra no se gana así. Que si se trata
de ganarle la guerra a una guerrilla que se ha encargado de desprestigiarse
y de hacer todos los esfuerzos por peder su legitimidad política,
pues lo puede hacer un Estado que esté dispuesto a ganarse la
legitimidad política, no la legitimidad de las encuestas, que
ahora está por verse si el que encuesta elige como en el pasado
se decía que el que escruta elige. Y claro que también sabían,
gracias a las encuestas, que el populismo de guerra era un buen
trampolín para ganar las elecciones. Y
todos ellos saben que ganarse la legitimidad de un gobierno en
Colombia pasa por enfrentar, pero en serio no con referendos peluqueados,
la corrupción política; pasa por ocuparse, aunque sea por razones
de sostenibilidad, de los temas sociales y pasa cuando menos por
hacerle muecas a la deuda externa. Pero le apuestan, tanto ellos
como la guerrilla a que el país se argentinice, cada cual para
responsabilizar al otro. Cada uno de los bandos guerreristas está
contento con que la canoa esté haciendo agua por la esquina de
su contendor. Cada uno hace votos porque le vaya mal al otro,
lo unos quieren que el país se quiebre totalmente para mostrarse
como salida y los otros quieren que la guerrilla se narcotice
y se vuelva cada vez más terrorista para que el mundo se dé cuenta
de que no son los revolucionarios que dicen. Y en ese juego se
puede hundir la canoa, se puede hacer un país sin ninguna viabilidad.
Es que el populismo no es de izquierda, puede serlo, pero también
es de derecha. Y en el fondo el populismo es una actitud de derecha.
Que se enteren los Vargas Lleras, los uribistas de ultima hora
y los uribistas de siempre que la táctica de estigmatizar al Polo,
o a Lucho o Navarro está avisada. Y que Polo avisado no muere
en guerra. Razón por la cual resulta importante que el Polo se
notifique en su interior que se está avanzando en un proceso democrático
y que aquellos que creen que ganó la izquierda tienen que bajarle
el tono a su emoción. Quién
le tiene que temer a Lucho o al Polo o a Navarro. A Navarro, lo
máximo que pueden temer los que lo conocen en la trayectoria pública
es que haga un gobierno como el que hizo en la Alcaldía de Pasto,
que terminó siendo premiado por eficiente. O sea que allí no hubo
problemas de los que dice que teme Vargas Lleras. Pero los Vargas
Lleras y los Peñalosas que aparentemente no son representantes
tradicionales de la clase política, o sea que todavía se les ve
alguna distancia entre ellos y los que rampantemente tienen por
negocio la actividad política, si le tienen que temer a una cosa:
Su concepción tecnoburócrata de la política está en problemas.
Aquella que como nos cuenta Morín, cuando ven llorar un niño se
detienen a observar el grado de salinidad que hay en sus lágrimas,
o aquella que para defender el espacio público, lo pueden hacer
tranquilamente a costa del público. Recuérdese la pared que la
administración Peñalosa le tiró encima a unas personas que defendían
su concepción de espacio público. Sí, esa concepción tecnoburócrata
que concibe el espacio público aunque se muera el público, que
tiene una noción de la vida como un elemento secundario frente
a un muro que estorba, está en vainas, no le va a quedar fácil
porque se le puede desmontar mucho de lo que han contratado, perdón
construido en los últimos nueve años. A partir de la alcaldía
de Lucho, la gobernación de Angelino y los gobiernos del resto
de alternatividad política, los tecnoburócratas van a tener que
ir a buscar puesto al Banco Mundial y a los organismos multilaterales.
Y eso da miedo porque allá no hay cama pa tanta gente. Sí
le tienen que temer a Navarro, que es el que han escogido los
populistas de derecha como símbolo -creyendo que hacen bien en
estigmatizar a alguien que la sociedad colombiana le reconoce
el mérito de haberse reincoporado y de haber actuado en la vida
de lo público con eficiencia y con honradez-, los que pierden
el poder de contratación. Porque poder y contratocracia en Colombia
se han vuelto sinónimos. Ellos, no sólo los que venden la nación,
los que se la roban, los que la sobornan, los que la esquilman,
la sobrecostean, los del CVY, mientras se llenan a dos manos y
compran casa en Miami, a donde terminan viviendo aún después de
pagar un par de años de cárcel por haberse coronado dos millones
de dólares, y se quedan con el dinero y abren cuentas en Suiza,
esos sí que le deben temer a los Navarros, los Petros, los Luchos...
Y le tienen que temer al Polo aquellos que han mostrado que tienen
muchos pantalones para enfrentar a la guerrilla pero que los pantalones
se les quedan cortos para enfrentar a la clase política. Porque
a los Navarros no les pasaría tan fácil que un Congreso que todavía
se elige con votos confusos les trasquile un referendo o les enmochile
una reforma hasta el punto de arrinconarlo para obligarlo a renegociar
poder. Esa clase política que es capaz de bravear aún a los más
bravos troperos tiene que temerle a un proyecto que con la ayuda
de la comunidad y con la participación ciudadana amenaza con quitarle
el poder de chantaje al legislativo. Pero
ojo, eso no significa que el Polo esté para cucharas. No hay que
hacerse ilusiones. La lucha es larga y el camino es culebrero.
Ya se comenzó, pero hay que evitar a toda costa que por cuenta
de la palabrería izquierdista se genere un caso como el venezolano,
es decir, un Chávez que asusta a los ricos y asusta a los gringos
y a muchos otros sin hacer nada que afecte sus bolsillos, sus
privilegios o sus prácticas. El perro que ladra y no muerde se
queda con el pecado y sin el género. Que nadie se equivoque, ni
adentro del Polo ni afuera, Lucho no es Chávez, Ni Navarro es
Chávez. Puede que Jorge Barón, como lo avizora López con mucho
entusiasmo si pueda ser un Chávez, puede que estén buscando desde
ya el populista de derecha para atajar a Navarro, para atajar
al que sea que represente alternatividad política. No es raro
que en los últimos estertores políticos del pollo para atajar
al Polo se le escuche la frase ¿Si no es Barón quién? Pero ellos,
los populistas de derecha, sí que se van a dedicar a encontrarle
parecidos con Chávez y con Castro y con Allende y si se descuida
el Polo, hasta con el camarada Abimael Guzmán. A Vargas Lleras
no le tiembla la lengua para lanzar cualquier especie en esa dirección.
Por
eso sería bueno que para enfrentar a los que le temen a Navarro
Wolf haya que hacer unas pequeñas distinciones. Ganó la esperanza,
ganó el espíritu de concertación o sea que ganó la paz. Y ganó
la visión de los derechos humanos, la visión solidaria de la vida,
la visión independiente, es decir que gano la libertad. Sí, gano
la esperanza, la paz y la libertad, pero no ganó Esperanza Paz
y Libertad, ni el PC, ni el Moir, ni Renovación Socialista, ni
nada de eso. Por ahora el que sienta lo contrario puede ir más
bien guardando sus banderas rojas y sus cantos a la internacional.
Esa actitud en este momento ayuda a la derecha. Sentir eso es
como sentirnos la mejor selección del mundo cuando el 5-0 a Argentina.
Eso es sobrarse. Pasarse de calidad. Por eso dentro del Polo,
ahora más que nunca hay que fortalecer el centro. Por otro lado,
Ni siquiera somos lo que parecemos. La coalición de centro izquierda
que llevó a Lucho a la alcaldía es todavía una coexistencia de
prácticas políticas que se distancian unas de otras, tanto que
en privado se habla del clientelismo de tal grupo, de figuracionismo
de tal otro, del mesianismo de tal o cual parlamentario, del autoritarismo
de tal precandidato. En fin, aquí todavía estamos en kínder en
relación con lo que se puede llamar un partido en el que se noten
rápidamente las identidades programáticas, las reglas de juego
mayormente aceptadas y las prácticas políticas que unan a la mayoría
de sus activistas, que todavía no sabemos aún si serán militantes
o civilitantes como lo propone L.F. Ramírez. Y además, la izquierda
hoy merece una redefinición que permita saber, por ejemplo, qué
posición tiene frente a la violencia, frente a la guerra, frente
al terrorismo de izquierda, que hoy por hoy es probable que no
se pueda dar esa figura política, pero así se ven, y así los ven
muchos izquierdistas y así los ven quienes aún mantienen algunas
ilusiones de que la guerrilla sea una alternativa de poder democrático
o alternativa de política social en Colombia. Esas
pequeñas distinciones harían que aquellos que le temen a Navarro
Wolf no la tengan tan fácil, que no sientan que el Polo les está
entregando en bandeja de plata la oportunidad para que lo señalen
y le digan “Ahí están... Esos son...”. Entre otras cosas porque
los extremos se juntan y con Vargas Llleras debe haber otro bando
que también le teme al fortalecimiento del Polo, y le teme a Navarro
o a los alternativos, el bando de los violentos. Ellos, al igual
que los populistas de derecha, temen que un proyecto de izquierda
democrática resulte exitoso ya que eso sería ni más ni menos que
su acabose política. Ah... pero claro, hay otros que tienen que
temerle a Lucho y a Navarro y a Petro, en fin... Aquellos que
hacen sus cuentas alegres y con un 5% en las encuestas se dividieron
en dos, o sea que el 2.5% decidió apoyar a Lucho y el otro 2.5%
apoyó al uribopeñalosismo de Lozano. Y sus cuentos alegres les
dan para pensar que por ellos triunfó Lucho. No señores.. las
matemáticas son exactas, Lucho ganó por el 7% de diferencia. O
sea que el 2.5% no podía dar el triunfo. O sea que se tengan en
sus cuentos y no sueñen con que aún siguen en el poder bogotano.
Algo, pero no tanto como quieren. Témanle al Polo que las cosas,
en todo caso no se seguirán haciendo de la misma manera. No porque
se vaya a abolir la propiedad privada, o porque los comunistas
del frente tengan cola, y cachos, ni porque Lucho vaya a sacar
el dinero de hacienda para hacer mercados para los pobres. No
témanle al Polo porque con todas las dificultades externas e internas
aquí se esta construyendo un nuevo ethos político. |
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