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¿Quién le teme a Navarro Wolf?

por Fernando Alvarez

Que se configuró un nuevo mapa político en Colombia, que por primera vez la izquierda llegó al poder en este país, que ésta es la oportunidad para demostrar que la izquierda puede hacer un buen gobierno????? Si... pero no...La verdad es que el triunfo hay que celebrarlo porque hasta el último minuto existían temores de fraude o de cosas peores. Sin triunfalismos como dijo el propio Lucho el día de su contundente triunfo. Sí, un viva por ese triunfo, pero lo que no se debe hacer es caer en la ilusión. En el error de la ilusión. Primero: No ganó la izquierda. Ganó Lucho, apoyado por una coalición de centro izquierda. Más bien si alguien ganó fue el centro. Eso es bueno que el Polo lo sepa para que lo sepa hacer saber. Sobre todo a aquellos que ahora pretenden estigmatizar a Lucho o al Polo, a sus figuras visibles y a quienes puedan representar una voz alternativa en Colombia. Y eso hay que tenerlo claro para no dejar que se imponga la macartización, como se decía antes. Con Lucho lo que sí es seguro es que se revivió la esperanza. Con Lucho, Angelino y los demás que dieron una lección de fe en las vías democráticas en las elecciones pasadas desde una posición independiente, los colombianos pudieron sentir que no todo estaba perdido, que aún se puede avanzar en la construcción democrática y que cuando se unen los que piensan más o menos lo mismo es mucho lo que se puede hacer. Sí hay una gran ganadora: la esperanza. 

 

Pero de ahí a sentirse como que estuviéramos en los momentos de la Unidad Popular en Chile, hay mucho trecho. Y si los representantes de la alternatividad política que ganaron espacios democráticos en las elecciones pasadas se dejan meter allí, por sus propios seguidores y/o por sus enemigos, pues de ahí a generar el pinochetazo no hay sino un paso. Las voces de Peñalosa, antes, y las de Vargas Lleras después del triunfo de Lucho dejan ver que ellos están dispuestos a hacer de todo antes de dejar que avancen las fuerzas democráticas en este país. Y ya comenzaron. Ya hablan del peligro de Navarro y del populismo de Lucho. Y comenzaron barato, lo que se viene es con todos lo fierros, o como dicen ahora, con todos los juguetes. Por esa razón compararse o siquiera dejarse comparar aún con el cercano proceso de Lula en Brasil o con la aventura de Chávez en Venezuela, en todo caso, para lo único que sirve es para darle papaya al populismo de derecha para que a punto de motes y calificativos comience a ambientar la contra. Aquellos que como Vargas Lleras, que son más pantalleros que derechistas pero que en su populismo de derecha pueden terminar siendo los más furibundos derechistas y no para evitar el triunfo de un demócrata sino para no perder el poder que creen escriturado. No hay que olvidar que a esta especie de escaladores les gusta montarse en la cresta de la ola y cuando eso pase pueden quedar de primeros llamando a los pinochets de turno para que salgan a hacer valer el estatu quo. Y recuérdese que él fue uno de los que saltó primero cuando vio que el populismo de guerra de Uribe iba punteando las encuestas en las presidenciales. Fue el primero en montarse en esa cresta de la ola.

 

El populismo de guerra fue el que llevo a que los colombianos, ayudados por los medios de comunicación, se convencieran de que el principal problema de Colombia era la guerrilla, razón por la cual los colombianos le dieron el voto a Uribe. Tanto que les importaba un comino que fueran o no fueran ciertas las historias del helicóptero en Tranquilandía; o peor aún, la gente que votó por Uribe le tenía sin cuidado si tenía simpatías, afinidades o cercanías conceptuales con los paras. Lo único que le importaba a los electores de Uribe era que estuviera dispuesto a hacerle la guerra a los jojoy y a los marulandas y para eso ya  había aprobado con honores el examen en la Gobernación de Antioquia. Y sobre ese populismo de guerra se ganaron las elecciones. Porque Uribe sabía y los generales sabían y los medios y la ministra saliente sabían que la guerra no se gana así. Que si se trata de ganarle la guerra a una guerrilla que se ha encargado de desprestigiarse y de hacer todos los esfuerzos por peder su legitimidad política, pues lo puede hacer un Estado que esté dispuesto a ganarse la legitimidad política, no la legitimidad de las encuestas, que ahora está por verse si el que encuesta elige como en el pasado se decía que el que escruta elige. Y claro que también sabían, gracias a las encuestas, que el populismo de guerra era un buen trampolín para ganar las elecciones.

 

Y todos ellos saben que ganarse la legitimidad de un gobierno en Colombia pasa por enfrentar, pero en serio no con referendos peluqueados, la corrupción política; pasa por ocuparse, aunque sea por razones de sostenibilidad, de los temas sociales y pasa cuando menos por hacerle muecas a la deuda externa. Pero le apuestan, tanto ellos como la guerrilla a que el país se argentinice, cada cual para responsabilizar al otro. Cada uno de los bandos guerreristas está contento con que la canoa esté haciendo agua por la esquina de su contendor. Cada uno hace votos porque le vaya mal al otro, lo unos quieren que el país se quiebre totalmente para mostrarse como salida y los otros quieren que la guerrilla se narcotice y se vuelva cada vez más terrorista para que el mundo se dé cuenta de que no son los revolucionarios que dicen. Y en ese juego se puede hundir la canoa, se puede hacer un país sin ninguna viabilidad. Es que el populismo no es de izquierda, puede serlo, pero también es de derecha. Y en el fondo el populismo es una actitud de derecha. Que se enteren los Vargas Lleras, los uribistas de ultima hora y los uribistas de siempre que la táctica de estigmatizar al Polo, o a Lucho o Navarro está avisada. Y que Polo avisado no muere en guerra. Razón por la cual resulta importante que el Polo se notifique en su interior que se está avanzando en un proceso democrático y que aquellos que creen que ganó la izquierda tienen que bajarle el tono a su emoción.

 

Quién le tiene que temer a Lucho o al Polo o a Navarro. A Navarro, lo máximo que pueden temer los que lo conocen en la trayectoria pública es que haga un gobierno como el que hizo en la Alcaldía de Pasto, que terminó siendo premiado por eficiente. O sea que allí no hubo problemas de los que dice que teme Vargas Lleras. Pero los Vargas Lleras y los Peñalosas que aparentemente no son representantes tradicionales de la clase política, o sea que todavía se les ve alguna distancia entre ellos y los que rampantemente tienen por negocio la actividad política, si le tienen que temer a una cosa: Su concepción tecnoburócrata de la política está en problemas. Aquella que como nos cuenta Morín, cuando ven llorar un niño se detienen a observar el grado de salinidad que hay en sus lágrimas, o aquella que para defender el espacio público, lo pueden hacer tranquilamente a costa del público. Recuérdese la pared que la administración Peñalosa le tiró encima a unas personas que defendían su concepción de espacio público. Sí, esa concepción tecnoburócrata que concibe el espacio público aunque se muera el público, que tiene una noción de la vida como un elemento secundario frente a un muro que estorba, está en vainas, no le va a quedar fácil porque se le puede desmontar mucho de lo que han contratado, perdón construido en los últimos nueve años. A partir de la alcaldía de Lucho, la gobernación de Angelino y los gobiernos del resto de alternatividad política, los tecnoburócratas van a tener que ir a buscar puesto al Banco Mundial y a los organismos multilaterales. Y eso da miedo porque allá no hay cama pa tanta gente.

 

Sí le tienen que temer a Navarro, que es el que han escogido los populistas de derecha como símbolo -creyendo que hacen bien en estigmatizar a alguien que la sociedad colombiana le reconoce el mérito de haberse reincoporado y de haber actuado en la vida de lo público con eficiencia y con honradez-, los que pierden el poder de contratación. Porque poder y contratocracia en Colombia se han vuelto sinónimos. Ellos, no sólo los que venden la nación, los que se la roban, los que la sobornan, los que la esquilman, la sobrecostean, los del CVY, mientras se llenan a dos manos y compran casa en Miami, a donde terminan viviendo aún después de pagar un par de años de cárcel por haberse coronado dos millones de dólares, y se quedan con el dinero y abren cuentas en Suiza, esos sí que le deben temer a los Navarros, los Petros, los Luchos... Y le tienen que temer al Polo aquellos que han mostrado que tienen muchos pantalones para enfrentar a la guerrilla pero que los pantalones se les quedan cortos para enfrentar a la clase política. Porque a los Navarros no les pasaría tan fácil que un Congreso que todavía se elige con votos confusos les trasquile un referendo o les enmochile una reforma hasta el punto de arrinconarlo para obligarlo a renegociar poder. Esa clase política que es capaz de bravear aún a los más bravos troperos tiene que temerle a un proyecto que con la ayuda de la comunidad y con la participación ciudadana amenaza con quitarle el poder de chantaje al legislativo.

 

Pero ojo, eso no significa que el Polo esté para cucharas. No hay que hacerse ilusiones. La lucha es larga y el camino es culebrero. Ya se comenzó, pero hay que evitar a toda costa que por cuenta de la palabrería izquierdista se genere un caso como el venezolano, es decir, un Chávez que asusta a los ricos y asusta a los gringos y a muchos otros sin hacer nada que afecte sus bolsillos, sus privilegios o sus prácticas. El perro que ladra y no muerde se queda con el pecado y sin el género. Que nadie se equivoque, ni adentro del Polo ni afuera, Lucho no es Chávez, Ni Navarro es Chávez. Puede que Jorge Barón, como lo avizora López con mucho entusiasmo si pueda ser un Chávez, puede que estén buscando desde ya el populista de derecha para atajar a Navarro, para atajar al que sea que represente alternatividad política. No es raro que en los últimos estertores políticos del pollo para atajar al Polo se le escuche la frase ¿Si no es Barón quién? Pero ellos, los populistas de derecha, sí que se van a dedicar a encontrarle parecidos con Chávez y con Castro y con Allende y si se descuida el Polo, hasta con el camarada Abimael Guzmán. A Vargas Lleras no le tiembla la lengua para lanzar cualquier especie en esa dirección.

 

Por eso sería bueno que para enfrentar a los que le temen a Navarro Wolf haya que hacer unas pequeñas distinciones. Ganó la esperanza, ganó el espíritu de concertación o sea que ganó la paz. Y ganó la visión de los derechos humanos, la visión solidaria de la vida, la visión independiente, es decir que gano la libertad. Sí, gano la esperanza, la paz y la libertad, pero no ganó Esperanza Paz y Libertad, ni el PC, ni el Moir, ni Renovación Socialista, ni nada de eso. Por ahora el que sienta lo contrario puede ir más bien guardando sus banderas rojas y sus cantos a la internacional. Esa actitud en este momento ayuda a la derecha. Sentir eso es como sentirnos la mejor selección del mundo cuando el 5-0 a Argentina. Eso es sobrarse. Pasarse de calidad. Por eso dentro del Polo, ahora más que nunca hay que fortalecer el centro. Por otro lado, Ni siquiera somos lo que parecemos. La coalición de centro izquierda que llevó a Lucho a la alcaldía es todavía una coexistencia de prácticas políticas que se distancian unas de otras, tanto que en privado se habla del clientelismo de tal grupo, de figuracionismo de tal otro, del mesianismo de tal o cual parlamentario, del autoritarismo de tal precandidato. En fin, aquí todavía estamos en kínder en relación con lo que se puede llamar un partido en el que se noten rápidamente las identidades programáticas, las reglas de juego mayormente aceptadas y las prácticas políticas que unan a la mayoría de sus activistas, que todavía no sabemos aún si serán militantes o civilitantes como lo propone L.F. Ramírez. Y además, la izquierda hoy merece una redefinición que permita saber, por ejemplo, qué posición tiene frente a la violencia, frente a la guerra, frente al terrorismo de izquierda, que hoy por hoy es probable que no se pueda dar esa figura política, pero así se ven, y así los ven muchos izquierdistas y así los ven quienes aún mantienen algunas ilusiones de que la guerrilla sea una alternativa de poder democrático o alternativa de política social en Colombia.

 

Esas pequeñas distinciones harían que aquellos que le temen a Navarro Wolf no la tengan tan fácil, que no sientan que el Polo les está entregando en bandeja de plata la oportunidad para que lo señalen y le digan “Ahí están... Esos son...”. Entre otras cosas porque los extremos se juntan y con Vargas Llleras debe haber otro bando que también le teme al fortalecimiento del Polo, y le teme a Navarro o a los alternativos, el bando de los violentos. Ellos, al igual que los populistas de derecha, temen que un proyecto de izquierda democrática resulte exitoso ya que eso sería ni más ni menos que su acabose política. Ah... pero claro, hay otros que tienen que temerle a Lucho y a Navarro y a Petro, en fin... Aquellos que hacen sus cuentas alegres y con un 5% en las encuestas se dividieron en dos, o sea que el 2.5% decidió apoyar a Lucho y el otro 2.5% apoyó al uribopeñalosismo de Lozano. Y sus cuentos alegres les dan para pensar que por ellos triunfó Lucho. No señores.. las matemáticas son exactas, Lucho ganó por el 7% de diferencia. O sea que el 2.5% no podía dar el triunfo. O sea que se tengan en sus cuentos y no sueñen con que aún siguen en el poder bogotano. Algo, pero no tanto como quieren. Témanle al Polo que las cosas, en todo caso no se seguirán haciendo de la misma manera. No porque se vaya a abolir la propiedad privada, o porque los comunistas del frente tengan cola, y cachos, ni porque Lucho vaya a sacar el dinero de hacienda para hacer mercados para los pobres. No témanle al Polo porque con todas las dificultades externas e internas aquí se esta construyendo un nuevo ethos político.

 

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