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RITUALES PARA LA DETERMINACIÓN DE LAS COMPETENCIAS1.
Quién oficia el misterio 2. Cómo acceder al
misterio a través del fármaco 3. Quiénes pueden
participar como observadores 4. Quiénes pueden
ingerir la sustancia y en qué medida 5. Qué viene a ser un misterio 1. El hierofante como
figura titular, médium, antena de recepción/transmisión de los
flujos de percepción, su cuidadosa estrategia mímica, las palabras
que entonan cuerpos, los atavíos son lo más importante, la voz
misma como atavío, disfraces e imploraciones que resuenan su ineficacia,
de una forma tan estentórea que abruma, hechiza, la reiteración
de lo inoperante de una manera grandilocuente, el agigantamiento
de lo que no funciona, pero el mistagogo se muestra tan convencido,
se vuelve umbral, sus muecas tan estudiadas, su profundo conocimiento
del fármaco, tamto el que se regala como el que se toma (fármakon-fármakeus),
experto en esa clase de transacciones, ha dado tanto de sí, ha
tomado tanto de lo Otro, un monumento vivo de acumulada sapiencia,
un canalizador de aquello que desborda cualquier intento de canalizacion,
o de comunicación mediante palabas, íconos soportables, memorias,
relatos de éxtasis, condiciones de experimetación etc. 2. Contorneándolo
sin límites, mirando con la mirada sin ojos, dejando de pensar
o pensando mucho, disponiendo los atribulados corazones,
en general dejando de ser el mismo, abandonándose, enviciándose,
tomando hasta la inconsciencia, entregándose, dándose todo a la
disciplina, sacrificando los placeres mundanos, lo cual es un
equivalente exacto de exacerbarlos, negarse la continuidad del
tiempo de los relojes, de todos los días, a cada hora, por ultrafijación
de las rutinas o por olvidarlas, el fármaco, tomárselo mucho o
nunca tomarlo, negarse el acceso al éxtasis embriagante, embriagándose
para no extasiarse, exultarse, ocultando el misterio, el Secreto-mandarina,
o naranjas bien risadas. 3. Los circunstantes
son los profanos como testigos, o los ya inciados pero impenitentes,
los árboles enlazados, grutas, ecos en capillas resonates, símbolos,
los grillos estallándose, curiosos mal invitados, los más
avanzados que ya no necesitan la dínamis, ellos misos son
la piedra de sol, de toque transformante, como si el primer grado
y el último formaran una sola categoría. 4. Los preparados
para lo Otro que nunca estarán preparados frente a ese abismo,
los que están listos, para presenciar lo que no están listos para
ver, los iniciados que no conocen inicio, ni final posible
para su fatiga, la sed del superhombre, los que han cortocircuitado
dramáticamente el orden de lo enunciable, experienciando el trauma
inexperienciable, solo ellos, los tocados por el espíritu que
no toca, los señalados al señalarse capaces, los que no duermen,
los que solo pueden estar durmiendo, afortunados para vivir un
momento más allá de la idea (circular) de la fortuna, los exaltados,
desgraciados si se miran en el espejo del mundo cotidiano, únicamete
ellos, los poseídos de suerte, quienes sufren de enfermedades
sin diagnóstico, o ataques que se manifiestan como ausencia de
ataques determinables, los que soñaron, los que no querían, aquellos
que lo anhelaron toda su vida, los más dotados, sometidos a extenuentes
pruebas, los primeros que pasaron, repentinamete llamados por
voces desconocidas, los que vieron luces y también los que nada
vieron, veían permanentemete una ausencia, la fractura entre los
mundos, los que habitaron la pesadilla, pero igual los que angelizaban,
las gentes del Secreto, solo ellos. 4.2 En qué medida
sabrían, administrarse su propia dosis, la que viene siempre del(lo)
Otro, por lo que la medida es un parecido, un arracimamiento mometáneo,
un ejemplo transitorio de la tensión entre lo demasiado y lo demasiado poco,
lo mínimo exagerado, pasársela tomando no es suficiente, extremas
son las únicas dosis ciertas, por el asunto del ritornelo, porque
si se empieza a tomar el Secreto consiste en no poder detenerse,
por estar detenido todo el tiempo, suspendido en éxtasis-embriagantes,
trascendido de los propósitos del mundo de todos los días, evadido
de la costumbre de sí, esa es la medida, no lo desmedido sino
la violación de la necesidad de siempre de medir. 5.Lo
que viene a hacerSE(r) un misterio. |
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