diario de campo

EL SILENCIO DE LOS DÁTILES

Bruno Mazzoldi

                                                        A Juan Duchesne Winter

“Quizás sea por el romance
que suscita una palmera de dátiles
un romance de balas
con la ciudad en llamas quemándose a lo lejos
en un horizonte ensangrentado de tinieblas.
El aparato de televisión discierne los objetivos de su mira:
un minarete dorado se yergue contra el humo,
y el silencio de los dátiles enmarca ese paisaje
donde no existen gentes.”

     “La muerte en los ojos de los niños”  -  Aurea María Sotomayor

Desde aquí no puedo enviar anexos, por ende esta crónica empezó como otro emilio,  fue hinchándose y se quedó tal cual, compacta, sin sangrías, sin puntos, al ritmo deportivo de los guiones - mañana la enviaré desde el cafenet del Parque Infantil - perdonarán por lo menos la proliferación de las comillas que reemplazan las cursivas - y cuidado con los géneros :  “das Mark” es “médula”, pero “die Mark” puede indicar sea el “territorio fronterizo”, la “frontera” o el “límite”, sea el valor monetario conocido como “marco” - miércoles 22 de enero, la primera sesión y la más movida del seminario “La bête et le souverain” - fue cuando el man enlazó los anillos insulares de las ensoñaciones de Rousseau, la reinvención de la rueda y el concomitante reaprendizaje de la oración según Robinson Crusoe - todo o casi a la sombra de la “soledad” y del “aburrimiento profundo” (“Einsemkeit”, “tiefe Langeweile”) de otro seminario, el de Heidegger  en los años 29-30 - escucho “Ando Dromo - Magnificent Gypsy Music from Budapest” - teme ser enterrado  vivo el solitario sobreviviente, en bocaza de fiera, garganta de temblor de tierra, buche de océano, panza de caníbal - en pleno pánico tafofóbico intenta impulsar por su cuenta y riesgo el aro que el catecismo británico le daba por safe, mejor dicho pone a rodar nuevamente la oración como mecanismo de autoafectación y autonomización, pues “dans la prière comme dans la roue se touchent le même et l’Autre” - la rueda y el rezo serían máquinas automóviles y autoafectivas análogas al aparato suicidario - tomé nota de la expresión “autoinmunisation”  referida al contranarcisismo destructivo - acabar “con” sus propias defensas por exceso defensivo, en ésas andaría quien autosucumbe  - León de Greiff : “Es el único escudo andar desnudo” - de una vez por todas y todas por una ¿cuándo me será dado canturrear semejante refrán  como es debido ? -  capa tras capa de desnudez, amantarse hasta los huesos, morder loriga tras loriga de desabrigo medular - Magnificent Gypsy Music - ¡qué violines ! - ¡manes de Kirilov ! - el chance de coincidencia del “idios” que el suicida consiente en la blandura de aquel “con” (no exactamente morbidez del coño, sino del “avec”, “apoque”, “apud-hoque”, compuesto de “apud” y “hoc”, en otras palabras “cerca de aquello”, al que ya tanto cuidado habría gastado el man siquiera desde “Pour amour de Lacan”, que yo recuerde) el orante lo hunde en bache de inadecuación :  rézase siempre para aprender a rezar - durante la cena del viernes, no recuerdo si antes o después de haber tenido la desfachatez de relatarle la pesadilla de Kirk Douglas (que ya les conté : el murciélago se ha levantado del cuerpo del gladiador para atravesar en sentido contrario el río de fango que nos dividía, él derrotado, yo triunfante, y revolotea sobre mi cabeza en círculos siempre más apretados obligándome a girar sobre mí mismo para no perder de vista ni de labios el “vin-coeur” del “vainqueur”, la copa chupadora del “vino-corazón” del “vencedor” surgida del pecho del otro con impulso de guijarro por arte de guaraca, obscura aureola salida del receptáculo llamado “tarana”,  segmento central de la faja de cuero que el inca envuelve alrededor de la cintura, escroto de repuesto si el nombre del proyectil, “runtu”, designa también el testículo para dar a entender cómo se echa a la cara del enemigo el trofeo de la propia emasculación, vueltas siempre más rápidas de honda autosodomita en que estoy encerrándome, todo por haber releído el XVIº Canto del Inferno poco antes de ponerme a discutir con un amigo en torno de los suicide-bombers - hasta cuando llamo a Olga, la  única que puede zafarme - hubieran tenido que ver su sonrisa), se me ocurrió añadir la anécdota de mi primera visita a la basílica del Sacré-Coeur - no podía defenderse el pobre, casi no habló durante toda la comida - un pollito horneado en la misma cazuela del puré de papas - a nuestro lado dos norteamericanas pidieron lo mismo - culpando la armazón que acababa de instalarle un odontólogo pariente suyo :  “J’ai la Tour Eiffel dans la bouche”, había avisado al sentarse de cara al cristal de la calle que el suscrito tenía a sus espaldas -  otra hipérbole : “Comme un bon chrétien”, cuando llamé para contarle que me había tocado escalar la colina de Montmartre cargando la bolsa, el maletín de plástico y la maleta  - negra como un ataúd, la tapa rodeada por una cruenta costura roja, coloqué la maleta sobre las lajas del deslizadero al borde de los peldaños sin fin de la calle Becquerel, la misma del apartamento de los Adami supe después, cerca de la Francoeur que sí queda detrás del Sacré-Coeur como me había advertido  Mme  Bella,  pero  no   arriba,  no tan arriba - por más consuelo de rodachines, tenía que proseguir muy despacio  y  detenerme  a   cada rato - bien metida la cabeza en el gorro de alpinista comprado en Bogotá, por la punta brotándole un cordón de bolitas colgantes como cascabeles mudos - el corazón  mecido por el cubilete de la canción  escuchada  en el carro de Genica y Gabriel el día anterior, rumbo al aeropuerto me parece, cuando la sigla de un programa de música clásica de la emisora de la Universidad Nacional alzó la cortina de los primeros compases del antiguo éxito del Quartetto Cetra llamado “In un palco della Scala”, que no había vuelto a oír desde la más terca infancia, mucho menos a tararear,  imagínense,  y que inesperadamente, una y otra vez,  me regresaba sobre las escaleras de Montmartre - ¿monte del dios de la guerra o de los mártires ?  - espantosas espadas son la respuesta de los jinetes gemelos que las encumbran en la fachada de la basílica - sin palabras,  salvo “‘Manon’ di Massenet, la ‘Carmen’ di Bizet”, recuerdo del recuerdo del teatro milanés en que se me replegaban en ritmo vagamente dixieland las desplegadas voces a las que nunca paré bolas, mucho menos en el imponente caserón al que mis padres accedieron una sola vez, gracias a la benevolencia del dueño de la fábrica de botones en que mi papá  trabajaba - yo ni pensarlo - eso sí, todita la melodía, una y otra vez, ella intacta, yo perdido y relativamente feliz de estarlo - estereofonías de la Shejiná, supongo, la Dama Celeste que no abandona al peregrino, peregrina ella misma, contra loops sirenoides remedio más eficaz que nudos de gúmena y cera en oídos - “haunting  melody” según la definición de un tal Reik o Reich, si no transcribo del todo mal el apellido mencionado casi dos semanas después por Peter Szendy  (“conseiller musicologique”, promete la tarjeta de visita), un joven que dedicó casi toda su charla a los fantasmas melódicos durante el debate alrededor del libro de Marie-Louise Mallet, “La musique en respect”,  en que también el man se dejó oír - a la salida del Collège le conté la historia de las notas que me sobaron la joroba del despiste con la pegajosidad de una abuela que tuviese la voz de Olga en sus doce - hasta se las canté esas benditas notas - prometí escribirle - hoy podría copiarle los versos de Garinei y Giovannini descubiertos ayer en el 3er volumen de “Canzoni di mezzo secolo”, uno de los cuatro libros de mi mamá que hace rato hubiera tenido que mandar empastar, para que me siga aconsejando - “Slow moderato” de Gorni Kramer, empatable con el dejo “New Orleans” que me parece recordar y que de todas formas me daba el lujo de encimar canturreando y silbando bajo la llovizna y la ventisca, sin disponer todavía del indicio bibliográfico que me permite justificar a posteriori los caprichos de esos arreglos evocando las propensiones jazzísticas del mismísimo acordeonista y director de orquesta bajo cuya conducción mi madre se había exhibido cantando en  la “Ora del Dilettante”, una de sus más entrañables reminiscencias - mi padre le puso el tatequieta : o él o la carrera artística - el requetemismo Kramer que, dios sabe cómo, quizás por correspondencia, habría sido también maestro del Profesor Pazos, consejero musicológico del Área Cultural del Banco de la República, sucursal de Pasto - en todo caso la sombra de esa canción - nunca escuchada de labios maternos sino siempre por el radio, a lo mejor uno blanquísmo, suerte de gran barra de “cioccolato al latte” traída por mi tío Armando desde Estados Unidos en los 40,  el primer receptor portátil del que tuve noción - me acompañó durante los extravíos que me enredaban dulcemente otras calles y vericuetos, los de Milano y allende - casi siempre a punta de silbido - llegar a esa ciudad y empezar a silbar por los andenes es una sola cosa - volví a conversar con Peter en “Le Calumet”, el café de Boulevard Raspail en que después de cada sesión amigas y amigos rodean al man y a Marguerite como si entre ellos dos se prendiera una chimenea - eso sí, no obstante y a causa de tantos roces, sumido en la penumbra de anacoreta colérico en que armo los números que me competen (no por nada mi nombre de circo es “Tony Cuchufleta”), añoraba a Olga como a mí mismo, igual que antes del amanecer en la oscuridad del apartamento de Mme Bella, abocado a la linterna de un agilísimo computador, escribiéndole  a más no poder -  sigo añorándonos, claro está, ahora que estamos tan cerca, aquí en Pasto, de un cuarto al otro de la misma casa, pues, en la morada desde la cual la pródiga pulsión arrastra imperativamente la hipótesis de trabajo a la que me reduzco, rumbo a una Ítaca en la que nunca estuve, sigue siendo pertinente la definición de Novalis citada por Heidegger y recitada por el man  aquel miércoles, o sea “la filosofía es nostalgia, algo que impulsa a estar por doquier en casa -Heimweh, ein Trieb überall zu Hause zu sein” (página 7 del tomo 29/30 de la “Gesamtausgabe”, 21 de la traducción francesa de Panis, donde “Trieb” viene a ser “quelque chose qui pousse”)  -  “aspiration” para Maurice de Gandillac en su versión de la “Enciclopedia”, donde me topé con la misma sentencia - a propósito, cuando el de la torre en la boca me anunció que al día siguiente almorzaríamos con los Major y con él, con don Maurice, quien fuera su profesor, un nonagenario acompañado por su delicadísma hija, seguí confundiendo nombre y apellido así como había estado haciendo durante años al atribuirle el más temprano y primaveral reconocimiento del valor del man, digo el testimonio del autor de un artículo del  67 que definía  el “emblema infantil”  de su  “bello coraje de escritura” como la “banderola” y a la vez como el “viento afiebrado del in-origen” que la sacude, digo Gérard Granel, pasado a mejor mundo el 10 de noviembre del 2000 - así que me tocó en suerte ver y escuchar al ex-profesor del Liceo Louis-le-Grand, si no continúo equivocándome, cara a cara con su discípulo de antaño, es decir  al traductor del Pseudo-Denys, Novalis y Benjamin que no estoy seguro de darme la satisfacción de mencionar aquí solamente para tener el pretexto de sugerir el tiro de una veleidad romántica más aérea que la complicidad freudiana del “Trieb” y menos vulgarmente animalesca, salido por la culata del trashumar al que remite la “piel” o “ham” de antiguos escandinavos envueltos en toisones de bestias salvajes durante las prácticas teúrgicas que confirman los celos zoofílicos y ultraterritoriales de la “Heimveh”, operaciones  que Alfred Maury llama “vacations nocturnes” en el librito de 1843 que no me canso de esgrimir cada vez que la “incubatio” viene al caso - para extender la reflexión alrededor de los motivos que a veces acechan tan insistentemente la memoria involuntaria, Szendy aludió al pasaje de “Sobre algunos temas en Baudelaire” ya recordado en su conferencia : “Quien es mirado o cree que es mirado levanta la vista. Experimentar el aura de un fenómeno significa investirle de la capacidad de alzar la vista -dem Vermögen belehnen, den Blick aufzuschlagen” (647 del  tomo I-2 de las “Gesammelte” - cfr. 163 de la traducción de Aguirre, quien aventaja “dotarle” por encima de “investirle”) - cosa no tanto de trasladar el fenómeno desde el código de las percepciones ópticas y hápticas al de las acústicas en vista u oído de un agente musical autónomo o parautónomo, cuanto de acoger incondicionalmente el desmadre de una insurgencia sinestésica ni agente ni paciente, criatura compulsiva, icaro amazónico vivito y coleando como cinta viscosa de yachay pendiente de la boca del que sabe sin saberlo, baba sonora del conocimiento que es inútil intentar aprender y que el discípulo ha de tragar entera, pululante de bichos - “Hülle”, es decir “vaina”, “envoltura”,  “cáscara”, “sobre”, es el vocablo empleado por Benjamin  en más de una ocasión para referirse a las constelaciones aurático-respetuosas - en 1931 “El carácter destructivo” escoge “Gehäuse”, que sería “estuche”, “caja, “cápsula”, “cáscara”, “concha”, “capullo”, ahí donde el verraco es proclamado “enemigo de los Hombres-Estuches -Etui-Menschen”  (160 - IV-1 397), mientras es preciso hacer constar de qué forma cada  defensor del statu quo  ontológico  “busca  su  comodidad,  y la cáscara es su contenido -sucht seine Bequemlichkeit, und das Gehäuse ist ihr Inbegriff” - Aguirre invierte los términos :  “... y la médula de ésta es la envoltura”  - nada grave - no debería fajarme con ningún coleccionista de vocablos después de la falsa acusación levantada hace más de veinte años contra el traductor de “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, vergonzoso episodio que no vale la pena traer a cuento, y sin embargo, fiel a las cuchufletas de mi sino onomástico, corro el riesgo de otra fabulosa fanfarronada  (no sería raro, pues en Colombia también se me enredan los nombres propios y con los nombres las locuciones, no sólo alemanas, amén de fechas, fisonomías, casas, bostezos, gritos, angustias, alegrías, corazones del cucho pastuso y del mundo entero... máxime en estos días) : en la versión de las páginas del 39, evitado el peso ceremonioso de la acción de “belehnen” a favor de “dotar” y desechando “investir” o cualquier otra forma verbal no tan alejada de “Lehne”, “feudo”, Jesús Aguirre echa a perder los alientos rituales de la experiencia aurática en la nota cuyo asterisco cuelga  de la frase anteriormente citada, quizás al leer “Belehrung”, “instrucción”, “enseñanza”, en lugar de “Belehnung”, “enfeudación”, “investidura” :  “Esta enseñanza es el punto hontanar de la poesía. Cuando el hombre, el animal o lo inanimado, enseñados por el poeta...” - de todas maneras restituyendo en términos de obsequiosa atención discipular la libertad avasallante conferida por el bardo a la Naturaleza que le devuelve el lance del enlace justamente mientras tartamudea versos, una y otro interrumpidos e inspirados recíprocamente en el  letargo lúcido de  la  palabra  adánica,   la  que  no  tiene  maestro  a  no  ser  ultrasonámbulo :  “Esta  investidura es un punto hontanar de la poesía -diese Belehnung ist ein Quellpunkt der Poesie-. Cuando el hombre, el animal o lo inanimado, así investido  por el poeta, levanta su mirada, eso la lleva a lo lejos -vom Dichter so belehnt, seinen Blick aufschlägt, zieht es diesen in die Ferne- ; sueña la mirada de la Naturaleza así despertada -erweckten- y lleva al que poetiza -den Dichtenden- tras sus sueños. También las palabras pueden tener su aura. Karl Kraus lo ha descrito de este modo : ‘Cuanto más de cerca se mira una palabra, tanto más lejos ella mira atrás -sieht es zurück.’” (G 647 - Cfr. 163) - órfico “respicere” de melodía viniendo y reviniendo sin que el cantor sepa en qué momento ni a qué, el camino de la fuente no es uno ni recto -  se parte y reparte la senda  del motivo respetuoso y el manantial zumba enjambre - mejor dicho, en virtud de su arborescencia el punto ni siquiera es único entre muchos - renunciando a la puntualidad  pasa por in-origen el arte - cada uno ni muchos ni uno, la voz del otro llama desde el agudísmo despunte del “punto interior”, “nequda penimit” le llaman los rabinos, cuando aquí y allá brotan lágrimas, no de los ojos de quien lamenta ante todo su perra suerte, no las de Esaú, sino las de la plegaria de Hannah, la estéril que desea un hijo para no tenerlo, ensalzada en la misma sección del “Zohar”  donde se mencionan “las mujeres llamadas ‘espada girante’ porque aparecen a veces en forma de macho, y a veces en forma  de hembra. ¡Mal haya al mundo cuando esas mujeres lo dominan !” (Sección Vaïqra 19b) - no por nefastas sino por síntoma de la escasez de hombres otrora a la altura de los tiempos, altura  inequívocamente  ultrafemenina  -  drag-queens profetisas, frágiles dracenas, “Zwittergebilde”, dictaminan y glorifican con el vigor maternal que distingue por igual a Débora y Hannah, por no hablar de Jael, la que empuñó un martillo para hincar bien hondo el clavo de su tienda en la sien de Sísara dormido : “¡Qué generación  aquella en que Débora vivía ! ¡No había un solo hombre para juzgar a Israel ! ¡Tuvo que ser una mujer ! Dos mujeres han alabado a Dios, Débora  y Hannah. Hannah dijo : ‘No hay santo como Dios ; no hay otro más que tú.’ Hannah abrió al mundo las puertas de la Fe” (ib.), pues, como aclara Rabí Hiyâ más adelante, “la puerta de las lágrimas permanece abierta cuando todas las demás están cerradas” (ib. 20a)  -  las operaciones efectuadas por “Lahatehem”, cuyo determinativo procede de Gén 3 24  : “La hoja de la espada llameaba (dando vueltas) -lahat hacherev hamithapechet”, según la distinción propuesta por Rabí Aybou bar Nagari entre la enredadera tipográfica que, a partir del “Tratado Sanhedrin”, Lévinas consagra a la diferencia entre sortilegio  demoníaco o tecnológico  -Ex 7  22- y sortilegio sin soporte  -Ex 7 11-, respectivamente magia por “Latehem” o instrumental y magia por “Lahatehem” o ilusionismo (v. “XIIe et XIIIe Colloques d’Intellectuels juifs de Langue française / 1973”),  los artilugios llevados a cabo por arte de “lahat”, vertiginoso resplandor  de un sable capaz de partir el pelo en cuatro sin  pelo ni sable, en cuatro y en todos los múltiplos obsidionales habidos y  por haber,  no corresponden necesariamente a golpes de leche de Jael y vino de Judit, mucho menos a los mandobles capilares de  Charlotte Corday o a las lagrimosas trenzas de piedra de Mélisande en la manigua simbólica que devuelve los poderes disolventes de la sangre menstrual al espejo de la cabellera femenina - Magnificent Gypsy  Music from Budapest - después de haberse referido a “lo sagrado degenerado en prestigios de la técnica”, Lévinas señala así la magia por “Lahatehem” :  “¿Y la otra magia ? ¿La que prescinde del instrumento, la del puro murmurio, del puro soplo ? Tal vez la de espiritualización, la magia de interiorización, la posibilidad de superar los conflictos ‘interiorizando’ los problemas, resolviéndolos con acudir a las buenas intenciones, ¡consintiendo el crimen gracias a todas las maravillas de la reserva mental ! La magia interior de infinitos recursos : todo está permitido en la vida interior, hasta el crimen todo está permitido. Abolición de las leyes  en nombre del amor. Posibilidad de servir al hombre sin hacer servir al hombre” (65) - tan necesaria ante los telencantos producto de una y otra modalidad de lo mágico confabuladas en nombre del amor en contra del amor, la denuncia de Lévinas traspasa el fácil blanco de la esgrima jesuítica para alcanzar las criminosas secuelas de una sublimante precipitación  de las virtudes cristianas - es lo que se deduce de uno de los apuntes registrados durante el debate que acompañó la lectura de la “Lección Talmúdica” en el coloquio del 73 : “Desde la aparición del cristianismo estamos enfrentados a la tentación de interiorización, de espiritualización, de manera tal que en ciertos momentos ya no entendemos siquiera los ritos, el sentido del rito. En la interiorización ilimitada, ya que puede ser ilimitada, se puede echar por la borda más lastre del que se tiene” (76) - el estallido puntual contesta al let-it-be new age y al oportunismo pontificio, no más allá sino a través del juez, partido en la hebra de su partición igual que faisán por destello de pluma y sesera por lagrimón de dios jodido - “Non enim veni ut iudicem mundum, sed ut salvificem mundum” (Jn 12  47) - ahí donde Irwing Wohlfahrt (“Révue d’esthétique” 1981) cita “Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres” añadiendo el detalle de un guión al “ius-dicere” del “Urteil” o “juicio” para esquiciar al justo la entalladura iniciática  :  “Fiel a su etimología (Ur-teil), sería el signo de una división originaria. El juicio  gramatológico, que divide la frase entre un sujeto y un predicado, y el juicio moral, que distingue entre el bien y el mal, no serían sino dos modalidades de la misma ‘charlatanería’ : ‘Pues son fundamentalmente idénticas la palabra que, según la promesa de la serpiente, conoce el bien y el mal, y, por otra parte, la que comunica exteriormente’ (I, 93). Lo que nosotros llamamos lógica y ética descansarían así sobre distinciones que se remontarían a la Caída” (149)  -  la “palabra juzgadora -richtende Wort”, que en el ensayo de Benjamin es inseparable de la “tristeza” (“Traurigkeit”) y del “mutismo” (“Stummheit”) de la naturaleza (II. 1 153 y 155),  melancólico retiro que las menguadas fuerzas mesiánicas del poeta vendrían a medio-medio redimir  acrisolando su pesadilla de ojos abiertos en los ojos de la bella durmiente y despabilada, ¿en qué se distinguiría de la palabra de Hannah orando y llorando ? - el lance del hombre, del animal o de lo inanimado que “levanta su mirada -seinen Blick aufschlägt”,  disparado gracias a la ambigua emancipación concedida por el señor del feudo poético (famoso o a punto de llegar a serlo, no hay que desdeñar una eventualidad tan corriente, la mediática : que la pega del canto sin sujeto ni objeto se convierta en “Schlager”, “canción de moda”, “copla”, “pieza teatral de éxito extraordinario”, “exitazo”, por así decirlo mediáticamente naturalizado) vasallo de su vasallo,  “Schlag” o “Aufschlag”, el “golpe” del “abrir los ojos” que es “aufschlagen” tiene su contraparte en otra manera de acudir a los ojos o ejercer la mirada, más bien de “comprometerlos” cuando de por medio no hay ni medio ni acudidero más o menos ejercitado, como suele sugerirse de alguien que sedujo a una doncella para no decir que la habría preñado de no muy buenas maneras, desde luego si no hubiese alguien - en suma y en resta una manera que, al decir del man (y le creo), más tiene que ver con la ceguera  que con la vista : el llanto - ese es el punto requetepartido capaz de ahuyentar calchas y calchonas de zafada interiorista y espiritualista,  inubicable “nequda penimit”,  pues el llanto en cuestión burla a la par vigilancia de melancolía y casuística de cinismo disfrazado - irrepetibles, nunca aprendidas porque nada de nada saben o demuestran haber sabido, las palabras de humedad  derriten “cortezas”, mejor dicho sueltan la presa de los “kelippoth”, aflojan valvas, costras, conchas... - esas requetemismas - la tozudez en persona que desde 1947 Lévinas indica como el “tórculo del sí-mismo -étau du soi-même” - cuando quise sugerir que la noción benjaminiana de “aura” y la desconfianza que Lévinas levanta contra la imagen conchuda serían herederas de las advertencias que la Cábala dispone contra los peligros de los “kelippoth”, sentado a la izquierda de Szendy estiró el cuello el  colaborador del Collège que había organizado el encuentro alrededor de “La musique en respect”, mientras yo tenía a mi derecha  una monita que en el acto tuvo la bondad de presentarme “pas ‘un expert’, mais ‘l’expert’ en Lévinas”, Alain David : en su opinión el mencionado autor  nunca se habría acercado a la Cábala - para seguir adelante evoqué “De otra manera que ser” sin esforzarme por reconstruir las circunstancias en que Lévinas identifica “imágenes” y “cascaras” (páginas 89, 90 y 91 de la edición Nijhoff - cfr. 129, 130 y 131 de la versión española - mucho menos se me ocurrió subrayar la extraña decisión de Pintor-Ramos al traducir “pelures” por “matices” en la nota 7, peculiaridad alrededor de la que me detuve más de una vez en compañía de estudiantes pastusos) - de igual manera mencioné  “El concepto de crítica estética en el Romanticismo alemán” y quizás las “Tesis”, excusándome por mi ignorancia del hebreo y del alemán - “Hülle” y “Atomzertrümmerung” fueron las palabras pronunciadas para referir torpemente las expresiones empleadas por Benjamin a propósito de la que podría entenderse como fisión de la “kelipah” - la profusión de petulantes perlas citacionales y guiones balbucientes, aquí y ahora mismo, lejos de justificar a destiempo las vaguedades de aquella y de tantas otras noches, en Pasto, en Bogotá o en París, hasta cierto punto pretende agravarlas -  reventar cuerdas de violines en el corazón de la torpeza aceitosa - sopesando el “martillo del concebir” (Heidegger  9 - Panis 23) levantado por el excavador de túneles filosóficos que ahonda preguntas e ignorancias garantizándose un existir genuino, a primera vista lo más lejos posible del animal : “¿Qué es el hombre ? Un traspaso, una dirección, una tempestad que precipita sobre nuestro planeta, un retorno o un hastío de los dioses ? No lo sabemos” (10 - 24),  después de aludir  al “diálogo cara a cara -unter  vier Augen” (Panis masculiniza : “d’homme à homme”)  que “puede tener lugar sin ninguna terminología y ninguna forma científica, como una discusión ordinaria - y sin embargo es de cabo a rabo la más rigurosa actividad de comprensión filosófica” (17 - cfr. 31), fascinante coyuntura de la opción por el antiacademismo de la autoctonía etnoliteraria contra el train d’enfer intellectuel, como quien dice asco y terror del carro de la otra vida, la libresca, vehículo repleto de larvas transgenéricas, “esas configuraciones híbridas que sin médula, ni huesos, ni sangre estiran un Dasein literario -jene Zwittergebilde, die ohne Mark, Knochen und Blut ein literarisches Dasein fristen”  (ib. 16 - cfr. 30), tediosas hermanastras de este engendro de escritura llorona, tunda electrónica, aparecido postal... quisiera sacar unas palabras de “Cómo ganar las Fuerzas de la Ebriedad para la Revolución sin comerse los Pañales del Niño Dios”, segundo o tercer capítulo de cierto manuscrito patéticamente dedicado “a los amigos del Programa de Filosofía y Letras de La Universidad de Nariño y  al clarinetista de la banda de El Rosal del Monte, don Eladio Pecillo”, no tanto a partir de “El concepto de crítica estética” cuanto de un relato sembrado en la conversación escuchada el 29 de enero del 92 al interior del consultorio de un médico vegetalista y sobandero de la población de Nariño, Departamento de Nariño, a media hora de Pasto, intenso diálogo entretenido por Juan Alejandro Bastidas, el médico, y  Gustavo Cabrera, su paciente, chusco relato según el cual el mutismo de la naturaleza nos afectaría desde el momento en que a la mula del Pesebre se le antojó trocar pajas y sabanillas para devorar como quien  ya  no  dice  la   excreta   del   Verbo - “La  ‘forma  de  la  presentación  -Darstellungsform’ sobre la que se ejerce la ‘descomposición irónica’ como sobre una ‘víctima’ (y aquí, más que la tradicional ‘Trennung’ mortificante, Benjamin remite a un sacrificio por despedazamiento, a un ‘diasparagmós’ dionisíaco) corresponde a la ‘envoltura’ del aura, su ‘Hülle’, mientras la ‘forma absoluta’ equivale a la energía liberada por la destrucción de esa presentación. La ‘suerte de tempestad’ de la ironía informal es concebida en la disertación para el doctorado de 1919 como ‘paradójico intento de construir todavía  la obra domoliéndola -am Gebilde noch durch Abbruch zu bauen’ (85-86), y, lejos de contribuir al  alejamiento  aristocrático  del  artista,  el  ‘misterio-secreto -Geheimnis- del orden’ que así queda al desnudo, y que no hay que confundir con el ‘misterio-secreto de la substancia’  solidario de la concepción de la ‘genialidad creadora’ defendida por Herder, da paso al garzón de la gasolinera untado de aceite, descendiente del ‘artista fabricante -Fabrikant’ de Schlegel, atento a ‘la forma premeditada  (...) particular  (...) del menor detalle’, a la gota gorda de la sobriedad manteniendo a raya el entusiasmo extático del ‘disfrute’ (105-106)” - en otro tono, la hipótesis  estribaría  en asociar las lágrimas de oración con los sonidos del  shophar - puede parecer una analogía inadecuada : tumbaron el cascarón de Jericó esas notas - ayer no más mi voracidad impulsaba otra tangente  estruendosa : nada menos que el yatagán mediante el cual, según “El Arcángel Empurpurado” de Sohravardi, el asceta sufí  desconecta y derrama las mallas de la cota del alma - impromptus entusiásticos de los que estoy a punto de arrepentirme - lo curioso es que, al comentar el  “Zohar”, el rabí Yaakov Yosef de Polennoye, repetidamente citado  en el “Traité des larmes”  de Catherine Chalier (nada esotérico, valga aclarar, no obstante el gustillo arcaico del  título, mamotreto inesperadamente conseguido en un supermercado de  best-sellers a último momento, justo en frente de la cabina telefónica en que gasté y gané las más sentidas llamadas - a Olga, naturalmente, casi naturalmente - la primera acompañada por los parlantes generales del centro comercial clavándome dulcemente  “Georgia on my mind”, la segunda con fondo y superficie de “I’m sorry”, remotísimo hit de Brenda Lee, puros espejismos ambientales socavándome el supuesto ambiente, deportándome a su pesar allende cualquier mostrador de autorreconocimiento, en razón de motivos demasiado  míos  para  ser  de  alguien),  lo  más  curioso es que el rabí haya llegado a  considerar  la  plegaria   de   las  lágrimas,  la  de  Hannah  singularmente,  como “‘sobre -enveloppe- de todas las demás plegarias’, explicando de qué manera la aflicción de una persona, al suscitarle el recuerdo de la aflicción que afecta de manera parecida a la ‘Shejiná’, implica que esta plegaria de las lágrimas en realidad concierne a la reparación (‘tiqqun’) del mundo. Por Arriba y por Abajo. En otros términos, según la imagen de Hannah, lejos de ser puramente interesada, la plegaria de las lágrimas tendría un alcance mesiánico” (Chalier  133) - como si no fuese suficiente la paradoja subjectilínea (véase, si es que puede verse, el hervor de aporías inherentes a “Forcener le subjectile”, ensayo del 86 que el man consagró a las pinturas y dibujos de Artaud y que Alejandro Castellanos y el suscrito trataron de verter - ni tan de paso, díganme porqué le apodo “man”  - al supuesto alumno que lo quiso nombrar de refilón (no muy al tanto del núcleo de la relación  “maestro-discípulo”,  por no hablar de “guru-sisya-parampara”) tuve que decirle : “Es como si mentaras a mi madre, igualito, hoy más que nunca, te juro hermano” - ¿bajos fondos a los que pretendo aproximarle, guandoca de Genet andino, cuchuflí de filósofo caribe o gitano desechable en calabozo de Praga? - ciertamente - pero también remedo del idioma del pretendido amo - cortísmo circuito - a vuelta de página se confirma el compromiso postal  :  “¿Cómo entender que esta ‘plegaria de las lágrimas’ pueda ‘envolver -envelopper’  las otras  plegarias  ?  Ya  que un  sobre             -enveloppe-  sirve para proteger, si no para ocultar, pero también para transmitir una realidad más preciosa que la suya - así como una carta - o una realidad que conviene no abordar con las manos desnudas, a riesgo de volverlas impuras - como los rollos de la Tora - ¿qué deducir de esta metáfora ?” (134)  -  la pesadez del correo exitoso incumbe en plena destinerrancia emocional, estampilla debidamente franqueda y casto remite - “destino-envío”, “Schicksal” (de “schicken”, “enviar”, “despachar”) del cliché perramente lírico, pulsión que de un mazazo te eyecta hacia la casa en que nunca estuviste y de la que nunca se te ocurrió salir, esquina de consabida orina y pureza de desierto - todos los perros el perro bajo la luna  - todas las cenizas el Lager - a no ser  claque de idólatras y nigromantes en sepulcro operático - antes de que se me olvide, reza muy afrancesadamente como sigue el Schlager del Quartetto Cetra, versión integral, para que lo escuchen mientras empujo la noria de la decrépita melodía que me acaricia sin sosiego al cargar sobre la colina del Sacré-Coeur el maleterío espectral del postguerra del siglo pasado y del preguerra de éste - nel gennaio  del 2003 - 

                                “IN UN PALCO DELLA SCALA                                            

                       (Slow moderato di Kramer - Giovannini - Garinei)

                     I

In un vecchio palco della Scala,

nel gennaio del novantatré,

spettacolo di gala,

signore in décolletée,

discese da un romantico coupé.

Quanta e quanta gente nella sala,

c’é tutta Milano in gran soirée,

per ascoltar Tamagno,

la Bellincioni Stagno,

in un vecchio palco della Scala.   

      Che splendida stagion, che ricco cartellon,

      che elenco di tenori e di soprani !

      ‘Manon’ di Massenet, la ‘Carmen’ di Bizet,

      ‘Fra Diavolo’, l’‘Ernani’,

      i ‘Puritani’, i ‘Vespri Siciliani’...

Poi dal vecchio palco della Scala

c’é l’appuntamento nel buffet :

un sorso di marsala, due tre marrons-glacés

e all’uscita la fioraia della Scala

offre un mazzolino di pensées...        

                     II

In un vecchio palco della Scala,

nel gennaio del cinquantatré,

spettacolo di gala,

signore in décolletée,

discese da un moderno cabriolet...

Quanta e quanta gente nella sala,

c’é tutta Milano in gran soirée,

per ascoltar gli autori

audaci e innovatori...

Ma torna sempre al palco della Scala !

      Ma fra le novitá ancora vola e va

      la musica dei tempi piú lontani...

      ‘Manon’ di Massenet, la ‘Carmen’ di Bizet,

      ‘Fra Diavolo’, l’Ernani’,

      i ‘Puritani, i ‘Vespri Siciliani’...

Lentamente poi il sipario cala,

scendono le luci nel foyer...

É vuota giá la sala e non rimane che

questo vecchio palco della vecchia Scala

del gennaio del novantaré !” 

- entré un par de días más tarde  -  Olga me había pedido que ovillara el hilillo de su voz a partir del resonar de las campanas, así que  volví a subir - no repicaban y el templo espectacular confirmó su pretenciosa fealdad - sumamente feo, todavía más por dentro que por fuera - aprovecharía la oportunidad de la cola eucarística que estaba arrastrándose con su acostumbrada lentitud de ciempiés gotoso, bicho otrora insoportable al que tal vez aquí en Pasto haya logrado desacostumbrarme dócilmente - a salvo del sermón, con la alegría de quien capa clase sin habérselo propuesto, me adelanté por el costado izquierdo acercándome de una vez al fresco de la cúpula y concediéndome unos minutos para tomar mayor conciencia del fastuoso realismo vaticañero - la cola se acortaba - de la nave izquierda a la central el tránsito era trancado por una larga barandilla de metro y  pico de altura - había una puertica con candado - decidido a comulgar, descarté la idea de encaramármele, digna de una película del oeste, y me atreví a correr el riesgo de perturbar las probables oraciones de una dama del otro lado quien me dio a entender que tenía que devolverme y entrar al corral por la parte delantera - casi al trote regresé sobre mis pasos - había otra valla en hierro forjado, entreabierta y con aviso  - el letrero prescribía : “Nave reservada a los que rezan -nef reservée à ceux qui prient” -  fue lo que conté ese viernes - chisporrotearon los ojitos  del man, como si se les asomara la doble cúspide de una prótesis de alta orfebrería : “Les inspecteurs de la prière !” - rompí en risas y aplausos de crío en matinal, mi copa se tambaleó peligrosamente y las cabezas se voltearon a tres mesas de distancia - en las naves laterales, donde otrora se abrían capillas y recovecos de beatas,  podían visitarse almacenes de artículos religiosos y souvenirs eclesiásticos - en el afuera del adentro consagrado, al filo de las márgenes externas del área de plegaria propiamente dicha, ningún energúmeno se atreverá a irrumpir para “eiicere vendentes, et ementes” (Mc 11  15) :  ¡puede apostar su trono el Gran  Inquisidor ! - comprobé la misma topología en Notre-Dame la tarde del sábado - no así en Saint Pierre de Montmartre, a la vuelta de Sacré-Coeur, una pequeña iglesia, una de las más antiguas de la ciudad, quizás la más antigua - sin solicitar el autoexamen de quienes sabrían distinguir entre oración y aborto de oración, ahí  la leyenda se contenta con informar que  “cette église n’est pas un musée”  - “Magritte”, había de nombrar ipso facto Philippe dos días más tarde, el hermano de Jean Pierre Caron que enseña pintura, cuando eché el cuento -  el 2 de febrero los Adami me llevaron a Ris Orangis - compartimos alcuscus y anchoas  - al arrimarse a la mesa el man advirtió que sería un “déjeuner rituel”, tal como se acostumbraba cuando vivía su padre - “res severa verum gaudium” : alguna vez, en la cocina de esa casa, doce años antes, habíamos comentado la sentencia  de Séneca reproducida en un cuadro de Valerio, “Concerto a quattro mani”, muy al caso de una comida como ésa, la más sabrosa de todas - por la tarde estuve en el atelier de Camilla, de manera que en ese fin de semana no fui a misa -  el domingo siguiente salí a las ocho y media con el propósito de llegar a tiempo para comulgar en Saint Pierre - el templo estaba cerrado - subí un poco más dando la vuelta hacia la basílica - al borde del atrio un virtuoso del piano eléctrico soportaba los insultos del clima con tal de seguir deparando su interpretación de los motivos que Richard Clayderman ha interpretado con tan buenos frutos - reconsideré las pesadas armaduras de los guerreros de la fachada y los grupillos de turistas que se hacían retratar sobre el fondo de los techos de la metrópoli - ingresé, esperando que la Providencia me salvara otra vez de la elocuencia sacerdotal  - que conste, desde muy niño no me la imagino echada encima de nada la Providencia, más exactamente desde cuando me contaron un chiste idiota que por culpa de Luchino Visconti no se me olvida, el del vendedor de boquerones en salmuera que abandona el triciclo para meterse en la iglesia porque una mujercita desconocida le asegura que puede dejar de preocuparse por su mercancía porque Dios se la cuida, y que a la pregunta retórica del sacerdote,  “¿dónde está el Señor ?”, ahí mismo contesta : “¡Afuera, cuidando mis anchoas !” - la Providencia, quizás otro nombre de la Shejiná, no me resulta sobrepuesta - peor dicho, ni de fundas me resulta  - demasiado baja para arrojar un resultado cualquiera - mirada de lo mirado - cada uno de los treinta grandes ojos argénteos sacados de la cara de la familia Valastro, un barril de “La terra trema” se parece a la divina Providencia : espiral de una pupila de anchoas -  de todas maneras, por si acaso,  tenía conmigo el libro de Heidegger, sin las cubretapas móviles que tantas veces me han ayudado a  recatar el Alcorán o una novela de Pynchon disimulando mi desconocimiento de los rasgos distintivos de una literatura devocional más acorde con las prácticas del entorno - hace tres semanas, en la catedral de Pasto y en plena celebración eucarística, las miradas de Olga y  mía, involuntariamente indiscretas, estropearon la quietud del flujo de orina de una creyente acurrucada en un nicho de la capilla de la Inmaculada - en Mocoa, Putumayo, me tocó ver a un sacerdote cariparejo engullir las especies, limpiar y guardar el cáliz completamente indiferente a quienes se iban acercando creyendo llegar a mascar de lo mismo - en Popayán, entre otras intervenciones que no suscitaron de manera manifiesta la atención de los devotos, alteré el orden litúrgico para cuestionar la punch-line del Cardenal Giuseppe Siri : “Homo sine pecunia imago mortis” - sobre la playa  de Old Town, isla de Providencia, durante los rituales celebrados en el patio de nuestros vecinos Rodela y Willie “Bee”, bajo las palmeras al lado de nuestra casa, más de una vez me quedé en la ventana o cerca de la porqueriza leyendo y releyendo a Sohravardi - en Sopó, Cundinamarca, partió la mente de mi madre un gran reloj de pared cuyos latidos saturaban el templo, pues de su cuadrante se habría asomado el hocico de un hijo en figura de vampiro de pechos, sediento de minutos - en Fonseca, Baja Guajira... - en Fonseca no, no iba a misa todavía en ese entonces - fue a partir de una película de Buñuel,  de un sueño y de ciertas lecturas más o menos filosóficas (en particular “Note sur une note de ‘Sein und Zeit’”) que empecé a frecuentar esos bizarros establecimientos, sobre todo después de Popayán - datos no me faltarían para modificar la reflexión de Burger alrededor de la música de Ornette Coleman : habría  que averiguar si el abismo propio del ritual y el defecto de su potencia consisten en no poder exhibir la estructura irresistiblemente autopresupositiva del acuerdo, sino tan sólo tender a ello, sin dejar de ser ritual - ni repicar de campanas ni asomo de introito en la basílica, pero mucho que ver y escuchar - así que tomé apuntes en los bordes de las páginas de “Les concepts fondamentaux de la métaphysique - Monde, finitude, solitude” - donde se esgrime “el martillo del concebir” y donde se  trata del “por entero” o “im Ganzen”, globo en mano de quien ya no sería empujado por ninguna nostalgia por andar en toda parte como Pedro por su casa, en una palabra el “mundo”, respectivamente en las páginas 23  y  22 de la traducción francesa, ahí  transcribí los avisos, no sólo el que ya mencioné sino también el bilingüe clavado sobre la cartelera al otro lado de la verja - con oviscapto de rapidógrafo y tinta china los copié religiosamente, respetando mayúsculas y minúsculas : “Espace de prière et d’adoration silencieuse devant le Saint Sacrement - Space of prayer and silent adoration in front of the holy sacrament” - caminando con parsimonia de zombi acotorrado y arrodillándome aquí y allá, siempre por fuera del área de plegaria públicamente manifiesta,  me la pasé estudiando a Heidegger y repitiendo  los acentos del Ave María y del Padre Nuestro que estuvieron haciéndome cuarto a lo largo de casi medio siglo durante los ridículos lances de yoga a los que dedico todavía un ratico cada mañana - ora leyendo, ora sin leer,  alternativa y no alternativamente, de pie y de hinojos, a veces sin poder distinguir  entre las palabras consignadas por mi madre y mi abuela cuando aún no sabía leer y las de un escritor que recela y acosa sin descanso la especificidad filosófica de sus propias enseñanzas, no porque Heidegger se me antojara o antoje particularmente propenso a los traslapos católicos sino porque, felizmente, y no obstante mi desconfianza risueña, después de tanta pose y postura pranayamañosa, las melodías  desafinadas de las haunting prayers que no puedo estimar del todo mías se dejan percibir en los trances y en los espacios menos pensados y menos reservados, como si a la domesticidad representativa de la conciencia no se arrimaran ellas, los cancioncitas del alma, sino el suscritico, invitado de piedra incapaz de apretar la mano de ningún seductor rítmico  - al iniciar el recorrido por la nave de la derecha me percaté de una estatua imprescindible en ese lugar, levantada en honor  de una visionaria que me sonsaca la burda parodia de un bon mot de Gioachino Belli  mencionado por Paolo Fabbri en el restaurante “Chez Homar”, si mal no recuerdo ante una costilla de cerdo que daba ganas, pocas horas antes de mi regreso : “Es que Santa Margarita-María  es como la lechuza - ¿Y qué le gusta a la lechuza ? - Le gusta el corazón” -  mármol blanco, era previsible  - más abajo, en una  de  las  pocas  capillas supérstites, brillaba un vitral dedicado a escenas de la vida de la monja de Paray-le-Monial - en el sobrio conjunto faltaba un recuadro que celebrase siquiera alegóricamente el episodio de la fluxión del dedo gordo de la novicia al que la santa aplicó la boca  - acaso los cristales hubieran podido aludir discretamente al apostema chupado acogiendo la luz de una entre tantas porciones de queso ingeridas con heroísmo desde el día en que la mártir declaró guerra a su alergia obligándose a incorporar derivados lácteos cada vez que la ocasión se le presentara - la superiora ya no era la misma, pero seguía vigente la única recomendación de los familiares incluida en el contrato de su recepción : que se le pidiera cualquier sacrificio, salvo el imposible, pues una repugnancia totémica le impedía acercarse a cualquier clase de formaje, a ella como a toda la estirpe de los Alacoque - “El combate fue largo y terrible”, sin embargo, según atestigua  F. Cucherat en su “Histoire Populaire de la bienheureuse Marguerite-Marie Alacoque”, de 1878 (volumen encuadernado en cuero verde conseguido sin mucho regateo sobre un andén bogotano), “al fin la gracia triunfó sobre la naturaleza. Marguerite-Marie se había dicho : ‘Hay que vencer o morir’” -  c’est pas de la tarte :  “holocausto” es el término prestado a la santa de quesos tomar - tenía presentes los detalles que hoy repaso no sólo por haberlos dilatado en “Nganga”, un atroz híbrido de Providencia, sino además por haber regresado no hace mucho a las fuentes para dar gusto a José Gutiérrez, un psicoanalista amigo de Chantal Tayllerand y René Major interesado en el culto del Sagrado Corazón y más aún en las andanzas de otro aguerrido apóstol, el santo venido de España cuyo nombre siempre se me escapa, el que armó todo un levantamiento teopolítico para que esta alejada región del sur de Colombia se llamara “Departamento del Sagrado Corazón” (lo escribo y no lo creo : tengo que andar bien confundido), logrando de todas maneras que el país entero le fuese consagrado constitucionalmente, el mismo que, siendo Vicario Apostólico del Casanare, en no sé cuál epístola (hay una definición exacta para esa clase de mensajes eclesiásticos) recomendó a los misioneros que intercambiaran niños indios por cortes de tela, mientras una vez nombrado Obispo de Pasto, durante la guerra que enfrentó a Liberales y Conservadores, no tuvo ningún inconveniente en acudir a las arcas de la curia para favorecer la compra de armas - la coalición de la rodaja de queso y el esponjoso astro de sangre  merece más detenimiento del que aquí se le puede otorgar - baste con sugerir que al final de “L’abattoir” Bataille da sucintamente en el clavo perfilando “las buenas gentes”, biliosas, aburridas y aburridoras, cautivas de un mundo desinflado, “donde no hay nada más horrible y donde son reducidas a comer queso, sufriendo la obsesión indeleble de la ignominia” (“Documents” 168) - ahora me lo pregunto : la nube caseosa que  me encasquetó en la noche del  6 o 7 de febrero ¿fue un avatar del Sacré-Coeur ?  - créanme, un queso total me reemplazó las gafas precisamente mientras el man leía “Artaud le Moma” en la Maison des Cultures, experiencia alucinatoria tanto más inopinada si considero no digo la concienzuda siesta de pocas horas antes, sino todas las medidas prudenciales adoptadas para asistir  en perfecta forma a ese evento, desde el día de su anuncio y más atrás todavía, pues hace meses me había embebecido del texto, ya dado a conocer en Nueva York en 1996 y publicado el año pasado, imagínense, cómo no me iba a cuidar si a eso había venido con tanto sacrificio, de mi familia y mío, desde el barrio Panamericano de la ciudad de Pasto : mantenerme lúcido como nunca para escuchar al man en persona, celoso de cualquier inflexión, tangente actoral, mínimo lapsus o variante reveladora, suspicaz al extremo límite de mis pobres facultades y despistados conocimientos, eso sí quizás en exceso despierto, aunque no tanto como el caballero aparentemente dormido a dos butacas de distancia, si la epifanía fantasmática puede corresponder a un estado de ultravigilia semejante al sueño (cierta noche, en el “Select”, el man confesó que él mismo estaba durmiendo mientras leía)  - insh’Allah - en todo caso la sección del vitral que me demoró fue “L’apparition du  Sacré Coeur dans le noisetier” - tenía entendido que la  más perentoria visión del  músculo radioso, a no ser también la primera, no se produjo “en el avellano”, sino mientras la monja desempeñaba un oficio del que hoy se ha casi completamente perdido la memoria, justamente cuando las masacres forestales  incitadas por el auge de la industria papelera deberían inducirnos a ponderar las humildes tareas inherentes al cultuvo de la cannabis sativa y al tratamiento de sus fibras sin perder de vista el ejemplo de quien las ennobleció para la eternidad : “Otra vez, durante la faena colectiva del cañamo, me retiré en un patiecito, en proximidad del santo Sacramento, donde, haciendo mi trabajo de rodillas, me sentí en un principio toda recogida interiormente y exteriormente ; y el amable Corazón de mi Jesús al mismo tiempo me fue representado más brillante que un sol. Estaba en medio de las llamas de su puro amor, rodeado de Serafines” - un poco más adelante o un poco más atrás, no muy lejos de una gran pantalla blanca suspendida en el aire, sobre la que presumí auras concéntricas de videoclips en misa solemne, no desdeñé una reproducción del rostro del  Santo Sudario de Turín, no sabría decir si proyectada o iluminada en o sobre la ventanilla de una caja metálica parecida a los aparatos utilizados para la observación de las radiografías, dispositivo al servicio del espaldarazo científico mucho más modesto que el desparpajo publicitario de una réplica de la misma reliquia expuesta en Notre Dame, tamaño natural, con lujo de paneles y zigzagueos pedagógicos garantizando la positiva identificación del negativo del Verbo, a no dudarlo para que algún día la Naturaleza recupere el habla por intercesión de una fiera más hambrienta que la mula del Pesebre - los apuntes pertinentes se consignaron en la página 25 de la traducción de Panis (que aquí remito a la 11 del original), al lado de las líneas relativas a la urgencia insoslayable e inenseñable del “coger  de una -direkt zu fassen-, inmediatamente la filosofía y la metafísica misma”, a poca distancia de los renglones que evocan la “singular obscuridad” en que se nos difiere al mismo tiempo dicha cogida - entonces fue que entré o seguí entrando  en una boutique  de la nave izquierda, sin dejar las pseudoraciones y sin que me dejaran  - entre vitrinas y estantes me detuve ulteriormente para examinar lo que a primera vista creí una compacta baraja con imágenes de santos, de la que se habría alcanzado a distinguir tan sólo la primera lámina -  Global Las Vegas : los periodistas de CNN cierran el bucle en estos días, listos a barajar con pericia de croupier las facciones de parientes y secuaces de Hussein enmarcadas en otros tantos naipes, sea al interior del programa de información financiera atento a los sitios de internet en que puede adquirirse el juego entero, sea durante los noticieros, una y otra vez, no sólo señalando la ingeniosidad de pintas y  palos destinados a refrescar amenamente la memoria de las tropas de la coalición sino también reproduciendo los artefactos parergonales por su propia iniciativa, inseparables del rostro de uno u otro iraquí propuesto a los consumidores del hipnótico telepasatiempo - pocas horas antes del anuncio de la invasión, para dar una clara idea del tenor de la guerra de apuestas indispensables a la guerra propiamente dicha ¿no se invocaron las argucias del  póker ? - no habrían sido necesarias las demostraciones de los casinos de las Azores y de la ONU para llegar a concebir  el  acierto comercial de una baraja que en lugar de estigmatizar a los malvados glorificase a los venerables - tenía otrosí en la otra punta de la lengua (résped de “la relación bífida o bifocal con el prójimo”, reticente a la univocidad temática de la conciencia que Lévinas carga y descarga, recela y soporta - 105 - 143) el nombre de un juez no menos pantagruélico que las máximas autoridades mundiales : Bridoye, quien solía echar a rodar metódicamente los dados para resolverse a dictar las sentencias  más espinosas  -  quién sabe porqué, una versión hagiográfica del librito de cuarenta hojas me hubiera parecido extravagante, aún en ese lugar - conjeturé un surtido de piadosos portavasos, para la circulación de bebidas no espirituosas en un tertuliadero de Alcohólicos Anónimos - es ésas andaba, si eso era andar - no había alcanzado ninguna conclusión y estaba por extender la mano hacia el objeto en cuestión, cuando escuché una voz : “¿Vous cherchez quelque chose ?” - levanté la cabeza y negué que estuviera buscando algo en particular : “Non, merci” - una joven rubia vestida de blanco,  la monja a cargo de las ventas,  se había alejado de la caja  registradora y  sonreía humildemente - me sentí menos molesto que conturbado, en el desarrollo de un proceso de descentración no propiamente murmurante y no exactamente ilusionístico -  en otras circunstancias, sin tanto huésped inesperado caminándome del corazón a la cabeza, viceversa y da capo, en el almacén de géneros religiosos cerca del paradero del metro de  Boulevard Raspail, pocos días antes de mi regreso, por ejemplo, cuando adquirí la ruedita de un rosario para mi suegra y cuatro medallitas, hubiera tranquilamente admitido que, claro, algo estaba buscando y que el fin de mi búsqueda era la naturaleza de tal o cual producto intrigante - pero no estaba ahí para solicitar algo en particular, ni para entretenerme escogiendo esto o aquello, pues, en las condiciones en que me encontraba, no del todo ajenas al solitario de la Séptima Ensoñación,  cuando “tous les objets particuliers lui échappent”,  no había nada indigno de estudio, búsqueda o rescate, nada que no pareciera nostálgicamente arrastrado hacia una playa por venir, empezando por mí y por el artículo a punto de levantar un vistazo desganado - el libraco de Heidegger en la mano y un pitillo de rapidógrafo entre los dientes, mi aspecto y mis lentos gestos de mec fatal al borde del mareo podían resultar tan intrigantes cuanto el espécimen en hipersensible observación  - el hecho es que la pulcra jovencita, en otro contexto quizás no del todo falta de atractivos adherentes a las exigencias cinematográficas de una moderna materialización de Santa Marguerite-Marie Alacoque, permaneció a mi lado y volvió a preguntar  :  “Est-ce que je peux vous aider ?”  - estaba convencido de haber manifestado con claridad y cortesía el propósito de no entablar ningún diálogo de aquellos en que siempre se tributa al cliente la razón que sabemos, así que la oferta de auxilio me sonó solapada e impertinente, por no decir invasiva y ahuyentadora - se me ocurrió acudir a la proximidad de un ciudadano absorto en  la  contemplación  de los mismos estantes : “Je fais la même chose que ce monsieur là”  - sin pensarlo dos veces la pálida religiosa replicó : “Oui, mais il en a l’habitude” - no debería haberles prometido este informe interminable - ante todo por allá, en un Sacré-Coeur tan cercano a Colombia, verdad sea dicha, hubiera tenido que pasar por alto la vaciadera de la monja y de todo el resto - valga admitir que por lo mismo a lo largo de estas páginas habría  llegado a comprobar que una cosa es el recuento de repulgos de empanada en una reunión de amigos, durante una cena o de sobremesa, otra registrarlos por pelos y señales en un reporte premeditado hasta la manía, como si en sus molduras se acumulara un “relleno” de intensidad inaudita, el “fartus” de una hartura pasmosa que pide ser liberada lo más pronto mientras rehuye prolijamente la prontitud - a menos que la tertulia sea igualmente apretada - chismoso remolinillo de gallináceos que, para la ocasión, remito simultáneamente a la irritabilidad del italiano “battibecco”, literalmente “golpea-pico”, y al rebusque pueril de la “chufa”, Cyperus esculentus, tubérculo de poco alimento empleado para hacer horchata, según el Diccionario de Autoridades “una frutilla dulce, que nace pegada à las raíces de una hierba, que es como la júncia, que echa unas como avellanas, y se cria en lugares húmedos. Es golosina de muchachos”, de donde “chufar”, es decir “chancearse”, primitivamente “chuflar”, forma verbal alterada por el sinónimo “trufar”, próxima a las insinuaciones propias de la acción de “silbar”, de donde “hacer rechifla”, ilustra Corominas, quien le aproxima también el latín vulgar “sufilare”, latín “sibilare”, “silbar”, sin omitir un cruce con el mozárabe “quqúffa”, “cuento”, “palabrería”, “burla”, toda una genealogía culinario-pneumática que ignoraba por completo cuando Vargas y Jodorowsky me zamparon la investidura circense que les dije, hace ya muchísimo tiempo - los términos del gag,  chufa, cuchufa, chufleta o cuchufleta, quedaron registrados en las páginas  130  y  131,  al   arrancar   el   párrafo   intitulado    “Interpretación  del   tedio  -Langeweile- a partir de lo tedioso. Lo tedioso como lo que da largas y deja vacío -Das Langweilige als das Hinhaltende und Leerlassende”, el vigesimoprimero, página 123 de la “Gesamtausgabe”, sección que concluye  dando a entender que la persona, el libro, la “región” o el “país”, “Gegend”, en fin “la cosa  puede ser tediosa tan sólo porque la tonalidad  ya juega a su alrededor -die Stimmung es schon umspielt. La cosa no provoca el tedio, sin embargo éste tampoco le es achacado por el sujeto. En breve : el tedio - y al fin y al cabo asimismo cada tonalidad - es un ser híbrido -Zwitterwesen-, en parte objetivo, en parte subjetivo” (132 - cfr. 138) -  ya emprendida la valiente travesía del zarzal de espinas conceptuales, falsos atajos y verdaderos extravíos inherentes a la distinción y a los simulacros de la distinción entre “ponerse atediado por algo” y “atediarse de y con algo” (se me resbala la manera menos deshonesta de traducir “Gelangweiltwerden von etwas” y “Sichlangweilen an und bei etwas” que Panis rinde por “être ennuyé par quelque chose”  y “s’ennuyer de et à quelque chose” - 132 - 139), habida cuenta de los arañazos marcados a lo largo del análisis que tiene su punto de partida en la anécdota de la reunión amigable del segundo aparte del párrafo vigesimocuarto,  mujeres vendrían a ser las locuaces intérpretes del acuerdo que permite la modificación pública de un “pasatiempo” o “Zeitvertreib” digno del Quartetto Cetra, alcahuetas de la “Öffentlichkeit”, franca manifestación o “publicidad” de lo ameno, es decir muestra ocultadora  del afán de deshacerse del afán de deshacerse del tedio en que consiste el pasatiempo y por ende apta para inhibir la percepción del tedio, las damas sancionan el éxito rotundo de la velada prestando sus voces a quien podría resistirse a admitir que la “gran soirée” a fin de cuentas resultó cabalmente aburridora, si él no fuera un abnegado y solitario trabajador capaz de alterar la euritmia de su cronograma de actividades para acoger sea la bendita invitación sea la lucidez indispensable a la conciencia del amargo precipitado nocturno que contradice su previo sentimiento de satisfacción (165 - 170), breve crónica del trayecto retrospectivo e introspectivo de una circunnavegación recreativa y de su derrelicto echado a las arenas de la cama, al fin dispuesto a reconocer virilmente la parálisis del tedio que sólo las circunstancias de la vida pública le velaban, cuya lectura, toda una performancia, el miércoles 22, como podía esperarse del público en cuanto tal, suscitó más risas que risillas - llegué a suponer que los ecos de aquella hilaridad habían traspasado los muros del auditorio, tres días después, mientras a mis espaldas tenía el gigantesco alambique de “La Cagouille”, cuando no sin regusto de timidez Maurice de Gandillac se congratuló por una tonalidad  que a su manera de ver habría últimamente enriquecido el discurso del que fuera su alumno : apenas adelantada la palabra “amusante”, el distinguido nonagenario se excusó sobreponiéndole la plácida caballerosidad de otro adjetivo, “plaisante”, como si en estos días aciagos cualquier alusión a cornamusas y cachetes inflados, aunque remotamente filológica, se le antojase sospechosa de remitir a la irresponsabilidad hedonista - “Je n’ai pas l’habitude, mais je suis ici”, fue mi respuesta - me la sopló el placer de comer, pues  “colmar, satisfacer - sentido del sabor - es precisamente saltar por encima de las imágenes, los aspectos, los reflejos o las siluetas, los fantasmas, las fantásimas, las cáscaras de las cosas que son suficientes para la conciencia de... -les fantômes, les fantasmes, les pelures des choses qui suffisent à la conscience de...” (Lévinas 91 - cfr. 130) - por avidez de ápodo o cuadrúpedo, reptil o rumiante, si no por vacuidad de quimera multiforme y todavía hambrienta de forma - “No tengo la costumbre, pero estoy aquí” - es de suponer a posteriori, donde no se acaba de brincar una y otra vez rasgando las obleas del subjectil, a través del aro hojaldrado del cuerpo, por encima de las innumerables olas de los “kelippoths” - “Veddero un fregno buffo co’ la testa / Dipinta come fosse un giocarello, /  Vestito mezzo ignudo, co’ ’na cresta / Tutta formata de penne d’ucello” - hecho y desecho - enredo de anchoas y granizo de alcuscus - from Budapest - de infarto - señoras y señores - ante tanta fiera  - simios en particular, decimonónicos, basílicas peludas, not quite amused montañas victorianas, pero también sapos, salamandras y serpientes sibilando entre grimorios de magia negra, de la nueva serie -  reclamo cacao - no puedo más  - me voy - me escurro - Virgen María, el cándido baño de Camilla no tiene puerta - ningún cagadero debería  - zoografía - ça me fait chier - periquito marcando tarjeta - permítanme recordar el recuerdo de Félix Duque - a propósito de la mascota de Robinson, “les livres sont des perroquets” había dicho el man en la primera - “un livre est un mort vivant” en la penúltima sesión - compartiendo con Lévinas spaghetti al frutto di mare en trattoria napolitana, sin olvidar del todo por qué espiras “assouvir” suelta “assopire” con sosiego no tan alejado del sueño, de manera que el participio “assouvi”, Robert garante, “se emplea ante todo en los antiguos sentidos del verbo, ‘llevado a su colmo’ (1403), ‘provisto de (calidades, bienes, etcétera.)’ (XVº s.), ‘perfecto’) (id.), hasta el XVIº s., después en el sentido moderno, ‘comblé’, en especial ‘satisfecho sexualmente’ (desde el s. XVº), valores todavía vivos” -  tierra y sangre once again,  valores contantes y sonantes del que regresa porque “es un perro que reconoce como suyo a Ulises que llega a tomar posesión de sus bienes” (Lévinas 100 - 139) - cosechar lagañas petroleras de todos los ojos de Argos -  las palabras que el autor de “Autrement qu’être” añade casi inmediatamente antes de guindar la nota de las cáscaras,  “el   sabor   en   cuanto   tal   colma    un   hambre,   el    sabor    en    cuanto     hartazgo

-assouvissement- es ruptura de la forma del fenómeno que se va amorfa en ‘materia prima’ -qui s’en va amorphe en ‘matière première’.  La  materia  lleva  su rutina -mène son train-, ‘hace su trabajo de materia’, ‘materializa’ en el hartazgo llenando una vacuidad antes de meterse bajo una forma y ofrecerse al saber de esta materialidad y a su posesión - a modo de bienes” (92 - cfr. 131), precisamente ahí   donde Pintor-Ramos aplasta salto y  pirueta de mester material trocando “s’en va amorphe” por “se presenta amorfa”, me aprietan la prescripción y la pre-inscripción de otra ida y otro dejar ir, otra vista, otro dejar ver, ante las “figuras ‘no figurales’” de la mujer que casi logró sacar la piedra al man echándole en cara la venganza de lo invengable  mientras él  hablaba del perdón de lo imperdonable : “Mas su ‘eso te concierne/mira -ça te regarde’, lo encuentro a la vez calmosamente extraño a cualquier pathos (apático) - y lancinante -poignant. Que le importe o  no,  nunca  lo  sabré,  me  manifiesta  una  indiferencia  desgarradora,   un  ser-allende, una impasibilidad, un silencio que literalmente me ‘reenvía’ : rechazo -rejet-, exclusión, expulsión, nacimiento también, no el llamado de un ‘ven’, sino la orden de un ‘ve -va’. ‘Ve, te dejo, te reenvío a ti mismo(a), te dejo, te dejo solo(a) contigo, como yo, en suma, en los lejanos parajes de un lugar infinitamente inaccesible” (“Tête-à-tête”  7) - ahí me tienen, “assouvi” y “m’assouvissant”,  desacostumbrado, insólito y  solo como un perro callejero harto de tanto mundo, ahíto e insaciable, dormido a medias, arrecho y detumescente - soso ají de comprensión histórica en los extremos de la lengua - go home - desdeñar el pognon indiferente, el extrañísimo apego de aquello, aceptar a fondo la invitación del retorno a la patria que nunca  fue colonia porque nadie, ningún indígena vio la luz en ella por primera vez - go home - nacer de una vez por todas - otro refrán compulsivo, el de Manuel Baudillo, de Saraguro, provincia de Loja, Ecuador  :  “Si defeca en el camino, la nube como fuego lo sigue -ñanpi ishmacpi nina puyu catinmi” - stronzo colosal desplazado a punta de “ishmana”, simultáneamente “defecar” y “emigrar”, fue en mi dignidad de empobrecido cabrón acosado por la columna mosaica de la entereza que creí poder encarar al prójimo con la forzosa “inclusión” o “Einsetzung” de mi existir : “Este singular empobrecimiento que comienza por encuadrar a nuestra persona con ese ‘esto es tedioso’, ‘lleva’ en fin al ‘sí mismo’ en toda desnudez ‘hacia sí mismo’, como el sí mismo que ‘está ahí’ y ha asumido su Da-sein. ¿Para qué ? ‘Para serlo’ -diese eigentümliche Verarmung, die mit diesem ‘es ist einem langweilig’ bezüglich unserer Person einsetz, ‘bringt’ das ‘Selbst’ erst in aller Nacktheit ‘zu ihm selbst’ als das Selbst, das ‘da ist’ und sein Da-sein übernommen hat. Wozu ? ‘Es zu sein’” (215 - cfr. 217 - una página del párrafo 31 en cuya margen no figura ningún apunte) - “Mais je ne vous reproche rien”, insiste - debería dejar la cosa de este tamaño - pero no - “Qu’est ce qui vous fait penser que je puisse croire que vous me reprochez quelque chose ?”, replico - frunce los labios, resopla apenas, levanta ligeramente los hombros y me da la espalda mientras añado : “Maintenant je me ressens reproché” - subrayo el uso reflexivo del verbo “ressentir” seguido del participio : “Ahora me resiento reprochado” - la cadencia o reincidencia de la preposición inseparable afecta el enchufe de la persona en la mismidad resentida que traba el eje de la plegaria no porque su rotación tenga que proceder impasiblemente sino, casi al contrario, porque su compás de constante desempate consigo misma se alimenta de lagunas - me siento y me vuelvo a sentir porque el reproche de nada me reaproxima  (a partir de “re-“ y “prope”, “cerca”, “al alcance”, la forma del latín popular “repropiare” deja resonar “acercar” y “poner bajo los ojos”, no sólo en el sentido figurado del “echar en cara regañando” sino en cuanto resentimiento de toda figura) - la vendedora ha regresado a la caja - las rodillas me piden que las doble, saldré de la boutique para darles razón, seguir rezando más fervorosamente y consignar las bagatelas en las primeras páginas del párrafo 21 ya señaladas - pero no todavía - permanezco donde no tengo la costumbre de hacerlo, ante lo que me había parecido curioso : eso es, un rectángulo de madera ancho y largo como un naipe, uno solo, en madera de balso o cartón, espeso, no más que eso - se me ocurre entonces que sería muy oportuno enviar a mi suegra una  tarjeta postal del Sacré-Coeur - no me demoro en escoger los tres ángeles que visitaron a Abrahám y Sara, pintados por Andréi Rubliov, los mismos de la galería Tretyakof cuya exposición admiré pocas horas antes de partir, en compañía de Olga y Maya - ya había tenido la oportunidad de mencionar las imágenes expuestas en Bogotá - la primera vez, tête-à-tête con el “viejo simio”, como el man gusta apodarse, cuando me agarré de cierto icono de la Virgen de Loreto (erguida sobre el hogar que la ennegrece sin quemarla, finales del siglo XVII, madera, al temple, madreperla) no tanto para justificar la traducción de “âtre” por “testero” con el propósito de preservar las consonantes de “être” y de “Artaud” cruzando la familia de “ostreum”, “ostra”,  con la de “testa”, “pedazo de cacharro”, cuanto para acercar sus llamas de concha cenicienta a la armadura de un dragón, más exactamente draco ostreodermus, escamas al rojo muerto en gris vivaracho, antes de  repetir “roule que roule dans la rotule pendant que l’être sur l’âtre sombre de sa synovie se fera” y chapurrear en seguida “rula que rula en la rótula mientras el ‘être’ sobre el testero sombrío de su sinovia se hará”, comiendo el susodicho pollito con puré de papas, en el “Lutétia” - la segunda vez cuando Marguerite me enseñó cómo palatalizar el ruso “iuródivi”,  vocablo que otrora designaba al peculiar tipo de santo (si cabe la fórmula, cada vez que la separación santificante refuta toda tipología) reconocible en varias representaciones del orate en Cristo, el que profetiza en paños menores, la misma palabra que distingue al  bobo del “Boris Godunov”, el Inocente que al final del cuarto acto, mientras arden los rogos, se ha quedado solo con su corona de latón en el bosque de Kromi y ruega : “Llora tierra mía”, como ella tuvo la bondad de recordarme, en “La Rotonde”, antes del chocolat liegeois que me sobrepuso ipso facto el santafereño en la boca de Olga y en su lengua la casa y en las calles de Pasto este país envenenado - como si fuera mi tarjeta de visita aprieto la querida postal  de los “celesti pellegrini” de leopardiana memoria, la que doña Elvira nunca recibió por andar traspapelada entre las páginas de Heidegger, y me instalo en la cola de la registradora - me precede el asiduo cliente - “Donc vous avez l’habitude”, concluyo casi entre dientes de aparte teatral, pero en voz suficientemente alta para que se dé por aludido - “Oui, parce que j’habite à Paris”, explica - podría barajar por lo menos tres deducciones : que su hábito consiste simplemente en vivir aquí, que todos los habitantes de esta ciudad acostumbrarían mercar en el mismo expendio de la misma parroquia y que el hecho de residir en este lugar por un lapso no especificado conlleva  necesariamente la frecuentación del  establecimiento en que me encuentro - pero me callo - ya hablé demasiado - es él quien interroga, no para confirmar los síntomas de mi exotismo sino confirmándolos con sólo preguntar : “Vous faites partie d’une excursion ?” - doy por sentado que el haber escogido un artículo en venta y el aprestarme a pagarlo no implica que haya dejado de rezar o intentar rezar y que la digresión excursiva que me tañe y atañe no depende de un trayecto colectivo : “Non, je suis ici seulement pour prier ” - sin sospechar que uno de los peligros inherentes a la etnografía de las prácticas iniciáticas propias del mercadeo evangélico consistiría en presumir que me sea concedido seguir el hilo entrecortado de la plegaria o del aprendizaje de la plegaria mientras soy entrevistado, el parroquiano sigue inquiriendo :  “Mais vous venez d’un autre pays ?” - atento al embeleso teórico en que puedo fácilmente sumergirme, razones tuvo el man para aconsejar que no me esforzara tanto por domesticar la cotorra de Heidegger : si en lugar de “Les concepts fondamentaux de la métaphysique” ahora tuviese a la mano “La scoperta de l’America”,  quizás no dudaría en cortar de manera más jocosa el escrutinio, con sólo repetir : “Chi ho da esse’ ? So’ un servaggio” - para no persistir exponiéndome a la “mala inclinación”, “yetser hara”, monstruo petulante que un buen día ha de ser degollado, según el “Talmud” sutil como un pelito para el malvado, grande como un monte para el justo, prefiero atenerme a otro precioso consejo : la desistencia - traduzco libremente a Pascarella : “Oui, je viens d’un autre pays” -  el avezado ciudadano se acerca a la caja - mientras se inclina sobre la mesa para firmar la constancia de pago, pronuncia un comentario que sólo la monja puede escuchar, entrega el papelito, agradece y se encamina - estoy en frente de la religiosa que mantiene la mirada fija en la registradora - se ha demorado apenas un poco más de la cuenta en despedirse y su fiel cliente ya se encuentra demasiado lejos para oír y contestar  al saludo que yo escucho - no es el presidente de los Estados Unidos, de eso no hay duda, pero podría jurar que el presunto apellido  coincide con el sonido del substantivo francés “bouche” - de lo que estoy seguro es de la transcripción fonética o de su equivalente : “Au revoir monsieur Bush” - alucinatoria o no la increíble experiencia  es auditiva - las vanas suposiciones que ni pisando huevos se me desarrugan son las siguientes : sagradamente aburrida, la cajera de lo sagrado  a) se obstina en  demostrar que su insistencia no responde a una actitud discriminatoria sino a celos profesionales que honran su desempeño  b) simulando conocer al parisino cuyo trato consuetudinario no exigiría una entrega misionera tan solícita como la que rehusé,  c)  a tal fin el primer patronímico al que se acoge la reserva mental es el que más obsesivamente repercute en las cantilenas cotidianas, uno  los repiques telespectrales que de igual manera pueden haberme sugerido lo inaudito - entrego la moneda - declino la oferta de un sobre con un gesto discreto, agradezco, coloco la postal entre las alas del libro y salgo - me hinco de rodillas - tomo apuntes e intento rezar  - salgo de la basílica - es cierto, como dijo la pintora del viejo simio, por miedo es que se declara la guerra - miedo del “aburrimiento profundo”, terror a las larguísimas hilachas del arrastrado mendigo temporal, “tiefe Langeweile” -  masacre es pasatiempo -  diez y media de la mañana - el templo de Saint Pierre está abierto - me meto - la misa más insoportable de mi vida empezará a las once - una tortura, una cruz - la iglesia es pequeña, ya lo he dicho - me arrodillo - sigo leyendo y rezando a medias - todavía ningún feligrés o casi - los presentes no parecen ni parroquianos ni empleados  - uno altote,  vestido de negro, pecho acribillado de medallas - anda de arriba abajo estirándose el saco e intercambiando indicaciones con otra estantigua - hablan de embajadores - a la izquierda del altar, agachado sobre un aparato que no distingo muy bien, alguien teclea y vuelve a teclear  nerviosamente - se levanta de golpe y  en ese entonces sus labios - que tampoco logro enfocar de cuadrado - ¿ya estoy llorando ? - me permiten deducir una interjección pas très catholique : “Putain !” - llegaré a creer no haber creído demasiado descifrando el bisílabo del técnico de sonido, una vez que hayan ocupado sus puestos numerosos fieles, unas cuantas viejas en abrigos de piel y un manípulo de fotógrafos, cuando preguntaré a qué vienen los estandartes levantados por otros señores de pecho rutilante - a mi izquierda una dama : “Aujourd’hui c’est pour les Anciens Combattants” - lobos de trinchera duchos en franquezas idiomáticas - la misma jauría de mi papá, al fin y al cabo - hubiera seguido la carrera de las armas si no hubiese perduto la guerra - aunque una de sus chanzas consistía en  asegurar  que si los fachistas hubiesen ganado alcalde de Nueva York habría sido a estas horas - le tocó la retirada de Rusia - el apodo del sottotenente era “Parabellum”, imagínense, la  metralleta soviética - tienen que ser las once en punto cuando, en medio de una doble hilera de estandartes - los contaré al final, once de lado y lado - hace su entrada un personajón de tiara y báculo, Monseñor Patrick Le Gal, Evêque aux Armées Françaises,  informa el boletín parroquial recogido a la salida, pues lo que se arma aquí, con la especial asistencia de la centenaria matrona Señora Mariscala Leclerc de Hautecloque (1903-2003) a la que se rendirá un sentido homenaje, es la Misa de Peregrinaje del Mundo Combatiente y Militar a Nuestra-Señora de Montmartre, Reina de la Paz - evento anual, no ad hoc, no en atención dirigida especialmente a estos días aciagos, como exige la violenta tonalidad que ya espolea, descuera, desrama y entalla a este llorón - al mismo tiempo el órgano empieza a tocar - puta mierda - perdónenme - tan queridos que son ustedes - todos - hijas - mujer -  padres - suegros - cuñados - amigos - infinitos amigos - infinitamente amados - vivos y muertos del mundo  - ¿qué  remueve la losa del manantial ? - insh’ Allah - apenas ahora, aquí en Pasto, al repasar los apuntes para reconstruir los llamados hechos,  supongo que la monja culpable de nada y su  carita de camembert lunario algo tengan  que no ver con la tempestad que me cae encima, el sismo de abajo, las fauces de enfrente - en algún momento acudirá un anciano sacerdote - lo desenfoco mientras se me cuadra para encuadrarme, examinarme y devolverse en un dos por tres  - inocuo me veo - tal vez escenográficamente aprovechable - ahora mismo, mientras más preciso se hace creer que les escribo, rompen las aguas, casi las mismas - y  Olga  aterrada llega del otro cuarto - aterrados  quizás, aunque no igualmente, quienes me rodean impasibles aguantando sollozos y gemidos, escandalosos como los de una plañidera árabe o siciliana que sin querer trabajara de balde y en vano se arrepintiera y llorara más aún al no poder retenerlos, lágrimas sobre lágrimas de lágrimas - huevos de avestruz las de Pantagruel - dátiles las de Papa Pernacchio, para servirles, poco romano pontífice de cuchufleta ex cathedra -  prendo un cigarrillo - cuando uno es el empujado que deja de ser uno llegando a ser como nunca uno mismo, lo que remueve la piedra - ultrasunto de la margen, “anthème” fuera de borda diría el man - de nuevo : “la” margen y “el” margen dan lo mismo, entregan lo mismo, lo traicionan, frontera serpentina - del pozo o del brocal dicho “margelle”, para ser muy relativamente más exactos, la que nunca se me acaba de remover y que sólo el amante de Raquel  tiene la fuerza de empujar a fondo, la extrema, la última debilidad de empujar (Gen 29  10-11) - a propósito de citas, cualquier papagayo mayor me da igual,  en jaula de papel o sin papel, cantado, husmeado, tocado, palpado, en hígado de bestia, savia de bejuco o tuétano de piedra - lo que también no para de contarme otro man, Taita Francisco Piaguaje, vereda de Buenavista, Bajo Putumayo, indio siona  - “¿sí o no ?”, ríe como él sólo suele - y que La Virgen de las Lajas  lo proteja de paramilitares y guerrilleros,  principalmente los metamorfoseados en top models de rojo astro guevarista para el recreo de  los habitués del Sacré-Coeur y sus boutiques de magia negra - la vi, no alucino, fotografié la chusca boina dos veces - la africana del otro andén creyó que por su bella cara había sido el flash y se emputó - del 30 de enero al 10 de marzo anunciaba el  afiche - “Tout Latin” - from Budapest - ahí hubiera tenido que buscar bronca - al preguntar qué significan las palabras de su canto, derecho como un  tren nocturno al compás del abanico de hojas crujientes, el sachawaira, me pinta “la pareja  de Guacamayos titilando en el Sol” - la feroz dulzura que me derrite la dureza de lo dicho y lo pensado aprovecha una fisura abierta en cada acorde del órgano y del coro majestuoso, notas  convencidas de haberse humildemente resignado al orgullo del triunfo - la devoción marcial de esta grandeur me escarba la escara por la que se escurre y desborda la fuerza de remoción - qué menos puedo decir - qué más puedo callar - lo que se dice por mi “parte”, la más partida, oleadas que van y vienen, sacudidas, temblores, casi convulsiones - me parto y derrumbo en llanto a lo largo de toda la ceremonia, salvo al acercarme para comulgar y habiendo comulgado - asomará algún sosiego durante el sermón cuya estructura sintáctica me conviene como bolsa de hielo en coronilla - del resto no puedo dejar de ofrecer  a los horrores de la guerra el arremolinado girasol de esta taquicardia - tanto más las arenas lacrimosas me absorben cuanto más procuro desprenderme, por más resistencia me abandono, por más abandono resisto, por más que apriete dientes  y  contraiga esfínteres para retener tanto vómito y tanta soltura del alma y suplique ojos al cielo e implore ojos al pie y me ahogue y me hunda y me abandone por lo altísimo y por lo ínfimo y de nuevo intente amarrarme y otra vez me rinda y me rinda y me rinda - no crean - a las primeras ráfagas de flashes me sobrecoge la zafada de una expansiva variante del grabado de Callot que me tuvo con la barba sobre el hombro en el vestíbulo de los Adami : soy fotografiado - el más sonado icono de la oración por la paz - el Paparazzo Assoluto dilata el impúdico diafragma de mis cámaras - iluminación mediática - ungido al magnesio - ti conosco mascherina ! - no sería la primera vez - bajo los reflectores universales el vicedios está a punto de verse sentado sobre el solio pontificio : el delirio de la investidura sublime ya me ha sobrecogido en el recodo megalomaníaco de varias tomas de ayawasca  - por no hablar de aquella chuma tremenda, encerrado en el armario de una residencia estudiantil de La Habana - pero en esta oscuridad el redondel del lightspot es efectivamente fotográfico y en cuanto tal me echa encima los alientos de una turba de testigos hipotéticos, la infinitud de cada desconocido amado convertida en el millón de amigos de Roberto Carlos y devuelta a la mirada del man y de Marguerite, desautores famosos a su pesar, quienes habrían de reconocerme en la primera página del lunes : “Tiens, c’est lui !” - dividido entre propiedad y miseria, partido por la miseria de la propiedad, las circunstancias semialucinatorias ameritan un desvío ulterior hacia la “Septième promenade”, en un recodo del sendero donde Rousseau se detiene para ahuyentar la tentación del éxito que acecha al amante de la botánica : “Que nadie herborice tan sólo para volverse autor o profesor (...) ya no se quiere saber si no mostrar que se sabe y en el bosque uno acaba quedándose sobre el teatro del mundo  -dans le bois on n’est que sur le théâtre du monde-, sumido en la preocupación de hacerse admirar (...) De ahí los odios, los celos, que la competencia por la celebridad excita entre los botánicos” - truéquese “saber” y “llorar”, “bosque” e “iglesia” sin olvidar el “intelligere cum plantis” que el cristianismo de Lezama Lima condenara en Artaud : mutatis mutandis, la pesadilla mediática me entrega la oportunidad de distraerme del llanto al devolverme la conciencia de su exhibición - lloro por ende más aún, racimo de lágrimas sobre racimo de lágrimas de bochorno - menos entero que nunca, recorro la repugnante sinuosidad de la “Spaltung” de mi esquizofrenia y bajo al entrenalgas de esta autoafectación -  avergonzado de mi soberana y bestial indiferencia a mi propia congoja, una mueca irreconocible me desnuda : tuerzo el cuello hacia atrás encorvando la espalda y apoyando las manos sobre las rodillas mientras apronto el antifonario al guerrero de penacho tan hórrido cuanto el espadón erecto, yo en persona, Tony Cuchufleta,  conocido también como Papa Pernacchio y Capitán Orión, contorsionista de baraja rajada, farsante de picadillo para embutidos espirituales, mago de feria listo a padecer las consecuencias inmediatas de su propia jactancia pneumática, víctima y verdugo de la “farce” rabelesiana que le ha “desbondé le boyau cullier” en sentido teatral, culinario y obsceno, Bagattino explayando urbi et orbi los parches del trasero y aventando su cifoletto a la furia del Capitano Spessa  Monti - excavo la fosa imaginaria que me espanta - “fear of being swallowed up alive” - tragado y expulsado al tiempo - se me va el mundo mientras me lo arrojo, casi al revés del animal heideggeriano, pues “il a sans avoir le monde” - terror que el llanto no termina de perdonar es este descaro de carne - “nous sommes ainsi dans cette mesure pauvres en monde comme la pierre et l’animal” - de otra manera Laurent de Cepeda no pediría consejo a su hermana porque eyacula mientras reza o acaba de rezar, ni en carta del 17 de enero de 1577 Santa Teresa de Ávila contestaría que tales tribulaciones no tienen porqué preocuparle, aunque sea su deber esforzarse por evitarlas - strizza - culillo - asvini mudra - plegaria de vaca que caga - ruego con el cuerpo, cabe el cuerpo - Robinson no puede creer que las lágrimas  de Esaú, quien sabe que llora por sí, pueden confundirse en las de Jacob, quien no sabe que llora por el prójimo - la buena educación eclesiástica de su padre, que nunca habría extraviado su boca en la boca del Otro, le impone una sobriedad que la oración  desmiente : “For the dread and terror of falling into the hands of savages and cannibals lay so upon my spirits, that I seldom found myself in due temper for application to my Maker, at least not with the sedate calmness and resignation of soul which I was wont to do. I rather prayed to God as under great affliction and pressure of mind, surrounded with danger, and in expectation every night of being murdered and devoured before morning ; (...) praying to God being properly an act of the mind, not of the body” - entre consciente e inconsciente, el fantasma de Bagdad  - “le fantasme, mot plus que concept”, saqué en limpio de la cuarta sesión - me organiza el set hétero-homo-hetero-erótico de la plegaria con la nitidez de las facetas de “Frontiere mobili” - Haifa - la segadora se masturba con la hoz  - Tel Aviv -  tarro de Coca Cola echado al piso - Jerusalén - esfinge, perra, toro alado, vórtice negro de su bostezo, cabeza coronada - Valerio la llama “chimera”  - Sinaí - from  - enmarca este paisaje -

                                                                                           Mazzoldi Bruno / abril 2003

diario de campo