CÓMO
HACER(SE) UN ROSTRO
Por David
Valencia
Problemas en la integración de varias estéticas práxicas
1>Toda metodología es un conjunto metodológico
(Un método es muchos métodos)
La metodología es la imbricación de conglomerados sígnicos
heterogéneos, como no hay purismo ni recetas impolutas entonces
lo que se hace es siempre una mezcla, una mixtura heteróclita,
porque se hace mientras se dice hacer, performativamente, en el momento
de la enunciación la (i)magia del discurso agota su eficacia
práxica, por eso hay que decir siempre otra cosa, y el esquema
está hecho de la posibilidad de cambiarlo, la maqueta lógico-expectativa
es la promesa de tal maqueta, nada más, su realización
es inconcebible, cada conjunto de premisas usado como método
remite a otras premisas todavía no explícitas, las reglas
de asociación presuponen otras reglas en un encadenamiento
lógico virtualmente infinito, cerrar esas opciones sería
dejar de andar, de hablar, parar el flujo del pensamiento, petrificarse
en la indagación, congelar el movimiento de la búsqueda,
lo cual es improducible, el proceso de la investigación se
confunde con el proceso de la vida, emparentando regímenes
semióticos diversos, su esencia está en alterarse, ser
permanentemente otros.
2>Todo esquema operativo está hecho de azar
(Nada perturba la calma -los mapas parecen intactos-, pero la calma
era perturbarse -los manchones, borrones, el equívoco constitutivo
del mapa-)
El azar es la complejidad del entorno, por lo tanto es imprescindible,
el aleas es constituyente de la pesquisa, por eso no puede eludirse.
Nada pareciera perturbar la calma: los cánones de racionalidad
parecieran intocables, el sentido común siempre sale avante,
todo se empaqueta dentro de las conclusiones, la estabilidad es irrenunciable.
Pero es que la calma era perturbarse: el equilibrio del “yo”
solo es tal en tanto se halla al borde agudo del precipicio, la homeostasis
es un momento pasajero frente a un devenir perfectamente impredecible,
la coherencia del relato (el “yo” que sueña que
es) está tallada sobre lo súbito como el diseño
del remolino sobre el agua cambiante, así la personalidad,
está hecha de disturbios, pequeñas catástrofes
inmediatas y la gran catástrofe que es estar vivo, el sujeto
es el registro defectible de lo que incesantemente lo cambia, la falta
del libreto es tan importante como el libreto mismo, el manchón
es ontogenético: “mi ideal sería coger un puñado
de pintura y lanzarlo sobre la tela con la esperanza de ver aparecer
allí el relato”.
El resultado (imposible) de la investigación es la suma de
sus desvíos (accidentales), el conjunto de sus faltas lógicas,
su ausencia siempre desplazada, el fantasma que la recorre, el resultado
(impensable) de la investigación resulta siendo una investigación
sobre lo impensable como resultado; es decir, el resultado es lo imposible
mismo, tachado de caracteres.
3>La identidad aparece refigurada, los puntos
relevantes se encuentran en devenir, su cristalización es inalcanzable,
Ser es estar siendo, la investigación es estarla buscando,
sin alcanzar ningún lugar -nunca- de aquietamiento.
El método siempre es otro método, la búsqueda
siempre es la de al lado, (hoy no fío, mañana sí:
hoy no tengo la respuesta, mañana sí), el rostro del
investigador se desfigura en el proceso de la averiguación,
la averiguación era mutar de semblante, trocar las máscaras,
desdibujarse como sujeto jurídico, despersonalizarse, la cara
que se presenta es un descaro insolente, son los rasgos que el método
pone a correr, echa a andar, los límites que se perdieron y
cuyo re-establecimiento es tan ilusorio como asfixiante, una arquitectura
de espejismos, Miguel Antonio Caro es el sofista que como jabón
resbala siempre (y la caricia que no puede tocarlo es la única
que realmente lo toca), la liebre saltando por doquier, el nombre
propio como rebote infinito, un eco que no termina.
4> El método es un desastre
(Su narrativa
como sobre un espacio liso, sin centro, la irrupción del acontecer(se)
siempre es traumática, azarosa, rebasa os marcos analíticos
asignados)
El método es un desastre, nunca cuaja del todo, y cuando por
fin ha logrado escribirse, entonces aparece anacrónico, así
no era, esas no eran las directrices más adecuadas, las pautas
se muestran inoperantes, toda escritura pretende narrar el desastre,
el accidente tal y como lo señala Bacon: “Espero lo que
llamo el accidente, la mancha de la cual saldrá el cuadro,
la mancha es el accidente”.
“Pintar es como una CATÁSTROFE que sobreviene a la tela”
. Escribir es el borrón de la escritura: “La palabra
es irreversible, ésa es su fatalidad. Lo que ya se ha dicho
no puede recogerse, salvo para aumentarlo (…) Cuando hablo,
no puedo nunca pasar la goma, borrar, anular; lo más que puedo
hacer es decir <anulo, borro, rectifico>, o sea hablar más.”
El escribir como imposibilidad de anular lo precedente, como manchón,
todo discurso como galimatías, cualquier voz es un barullo.
El método es un desastre pero el desastre solo se supera con
método, no hay otro modo y todo modo solo puede ser otro, solo
se investiga el acontecimiento traumático, solo se escribe
sobre el acontecimiento traumático (“ahora dibujo sobre
el azar”), cataclísmico, es el único interesante,
la herida que no se cierra, el fracaso fundante, la falla como grieta
y como ausencia, la falla como doblez, lo que no se tiene o se tuvo
pero se ha roto, el quiebre entre ser y querer(ser), (o el más
famoso entre palabras y cosas o entre cuerpo y alma, etc.). Pero todo
acontecer(se) es traumático, lo doloroso está en darse
cuenta (de ser, de no poder ser, de estar siendo -imparablemente-),
la hecatombe permanentemente se reactualiza al contarla, al intentar
narrarla, pero sin relato sería invisible, y cualquier relato
es insoportable.
5>La persona, el doble, la máscara y el Nahual.
Ser es ser dos veces, detrás de la máscara y en los
bordes, transmutándose en el animal alegórico (el cuervo
de Don Juan, el coyote de Don Carlos, el venado del brujo de las luciérnagas,
el otro coyote del mensajero, anacondas, jaguares y sospechas), el
isógrafo (pintor de íconos) que sigue meticulosa, detallada
y rigurosamente las normas para dibujar el retrato (de sí mismo
en forma de DIOS, LOS ÁNGELES Y LOS SANTOS), debe abocarse
a una ascesis severa; pero BACON rompe la fijeza de los criterios
unívocos, pinta sobre el azar, la estética de su existencia
es una desgracia por existencia, la (i)magia que utiliza lo inutiliza
de imágenes, el isógrafo Andrei Rubliov, un anacoreta,
un “hombre del interior”, en cambio Bacon se halla entregado,
extralimitado por un desorden constituyente, es una “forma de
la exterioridad” desbordante, ebrio de risa, bufonesco, nervioso,
inestable, es él y el eco cimbreante que lo destruye, simultáneamente,
animalescamente, salvaje, irreductible a los procedimientos de composición
estetográficos convenidos, pero la calma y la negación
de la calma son una sola cosa, BACON-RUBLIOV, el hombre y su doble
en sueños, el rostro y la máscara que lo difumina -al
consolidarlo-, ambos se mueren de pánico, resuellan su paroxismo
en la Ataraxia más transparente, el sistema pared blanca-agujero
negro, lo que está adentro es el afuera, henchida niebla de
paradojas, el rostro era carecer de rostro, perennemente buscarlo,
con el método sin lograrlo, Nadie era una persona, con facciones
sin dibujarlas.
Francis Bacon demiurgo del caos. Rev. Ensayo y Error. Año 1,
Nº2, abril de 1997, Bogotá, págs. 238-239.
El problema de investigación era saber (no)alterarse.
Francis Bacon… Ibid. Pág 235.
DELEUZE Glles, Lógica de la sensación, Material multicopiado,
Pág. 67
BARTHES Roland, El susurro del lenguaje, Paidós, Barcelona,
1987, pág. 99.
DELEUZE y GUATTARI, Mil mesetas, Año cero rostridad. Pre-textos,
valencia, 1997